ALCALDADAS Y METIDA DE PATAS

“Alcaldadas y Metidas de pata entre políticos, son cosas de vieja data”

Por Diego Franco Valencia

Refiere “La Monografía de Marsella” escrita por Célimo Zuluaga curioso que marcó la historia de nuestro pueblo La calle llamada como «Chapinero “ debe su nombre a que, un día cualquiera, llegaron unos vecinos, iracundos, ante el Alcalde Juan Pío Ocampo, quien fue uno de los primeros burgomaestres locales, con el fin de formularle una queja. Había aparecido un letrero manuscrito, con grandes caracteres, en la antigua «calle del gus», que decía «Chapinero». El evento, para ellos, era un insulto imper­donable que merecía investigarse y, en consecuencia, castigarse ejemplarmente El Alcalde tomó la situación con calma de hombre ducho y, al fin y al cabo, con poder. Muy sereno, respondió: –Cálmen­se. señores. No hagan tanto aspaviento!. Resulta que, personalmente, lo ordené colocar, porque ahí viven cuatro chapines y ese es el nombre que en adelante llevará esa calle». No me han referido si los vecinos ganaron la disputa. Lo cierto que hoy el nombre persiste, 106 años, después

El hecho ocurrió en 1909 y me da piepara afirmar que” el poder es pa’ poder», como decía mi abuelo Esas decisiones bruscas y perentorias, que «no tienen reversa» han sido comunes en mandatarios y políticos, quienes, de alguna manera, natural o usurpada, tienen poder porque, al fin y al cabo los votantes se lo concedemos con tu voto, “eminentemente democrático”.

De allí para acá, aquí o allá, «las alcalda­das» o «metidas de pata», se han converti­do en aspectos típicos de nuestra idiosincrasia popular. El mismo Don Juan Pío, líder innegable de los principios del pueblo, un día convocó a los vecinos para que trabajaran en los banqueos para construir la actual Plaza de Bolívar y, como no tuvo respuesta, ordenó a dos parroquianos hacer unas inmensas  zanjas en el trancurso de una noche  en el lugar destinado a plaza pública y de mercado. El estupor creado en los escasos residentes del lugar ,por el daño causado,obligó alcitado alcalde entre sentimientos internos de satisfacción :  «pues si quieren ver el pueblo bonito y organizado, a trabajar señores!». Logró su objetivo.

Otro personaje de la política local que merecerá un tratamiento especial en estas páginas, por su civismo y entrega a las causas lócalas, fue Jesús María Peláez, primer diputado de Marsella en la Asamblea de Caldas. Con su voz ronca y apasionada, encendióel fervor político del conservatismo marselles. Quería ser tan elocuente en la «tribuna pública» como Laureano Gómez o Gilberto Alzate Avendaño, grandes oradores políticos de la época. Jesús María, a la «manera local»,era un orador erudito y de frases rebuscadas Un día, previo a las elecciones, andaba con la comitiva que buscaba votos en las veredas del norte: Alto Cauca, La Palma y Buenavista. Al regreso al pueblo, enardecido por las circunstancias del evento político, hizo parar la caravana en «el Morro» (léase «zona de toleran­cia»). Era sábado y el lugar estaba atestado de gente. Había muchachas foráneas en las cantinas (ganado nuevo» o «caña biche», como solía decirse, por aquellas épocas).

Pues Don Jesús María, exdiputado y Concejal por varios periodos, líder del pueblo y hombre de bien, hizo instalar el equipo de sonido, reunió a las veteranas de la zona de tolerancia en la cantina más grande de todas, la de Trinidad Montoya (Trina) y pronunció un discurso corto, pero certero: » Mis queridas y honorables prostitutas. Digan quién, si no fui yo, Jesús María Peláez, quien primero las trajo a sinvergüencear a este pueblo?. Por eso las invito a votar por las listas que encabezamos nosotros para Concejo y Asamblea y por el futuro Alcalde, aquí presente!».

Tampoco sé si consiguió aumentar la votación. Si ganó las elecciones. Solo sé que hizo reír a carcajadas a más de uno de sus copartidarios y a muchos de sus contendores políticos.

Anécdotas que nos enseñan que estos comicios deben servir para unir a la gente en tomo a causas comunes, en pro del bienestar y la convivencia locales y regionales y no para distanciarnos con odios y resquemores políticos que en nada contribuyen a lograr la paz que todos anhelamos 

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