ATALAYA, ESE FÚTBOL DE AYER

ESE FÚTBOL DEL AYER: Pategús, Peira, “la viga” Restrepo y otros señores futbolistas.

 Por Diego Franco Valencia

Estaba la Selección Colombia preparándose para el mundial de Chile de 1962, entrenada por Adolfo Pedernera, y la fiebre del fútbol nos hacía presagiar que íbamos a clasificar. El fútbol, en verdad, como lo es ahora, era más que un deporte: una pasión, un distractor ineludible para los niños y los muchachos de  entonces. En Marsella, la gran cancha era la del Instituto Agrícola, un terraplén de escasas dimensiones, donde se perdía más tiempo trayendo el balón, marca Soria, de la quebrada o la cañada que por el mismo discurrir del juego. Sin embargo allí era la cita dominical de hinchas furibundos como don Gonzalo Atehortúa, Don Guillermo López o el viejo “Charol”, zapatero de antaño que había figurado en los olvidados anaqueles del recuerdo de nuestro deporte favorito. La muchachas del pueblo engalanaban con su presencia delicada y femenina, por cierto, aquellos espectáculos memorables.  Allí estaban las Correa, las hermanas Vásquez, Chavita y Alba Lucía Sierra, Flor Toro y otras encantadoras muchachas de la localidad y del campo y nosotros, “los pibes”, vendiendo los helados de Carlos Reyes o los pandeyucas de Argemiro Villada y los tirados de las Posada. Todo era un espectáculo. Tanto, que los helados terminaban derretidos y la liquidación por las ventas se hacía contando los palos que flotaban en el líquido del deshielo. Todo, por ver las voladas “de palo a palo” del famoso Pategús, el longilíneo arquero de la Selección,  chofer o pato de un bus de escalera, quien con sus osadías nos hacía vivir, a lo provinciano, las atajadas del Caimán Sánchez, portero de Colombia; los magistrales cabezazos defensivos de Arturo Patiño, las tijeretas defensivas de Diego Mejía,  Guillermo “el tío” Osorio o José Marulanda, las gambetas y el gol de Carlos Restrepo “la Viga”, infalible en el área contraria y magistral en el cobro del penalti. Cabeceador y goleador, únicamente igualado en nuestro medio por Albeiro Rivera, quien figuró para el fútbol muchos años después, cuando ya el templo del fútbol era el Estadio La Rioja, que para aquel entonces era una laguna de la que salían los espantos vigías de las oscuras noches del poblado. Ese negro, pategús, se envejeció y, como tal, entró en decadencia y vimos florecer, crecer y hasta sucumbir su reemplazo. Fue Guillermo Betancur,  “Peira”, quien, en mi modesto concepto, fue el mejor portero de todos los tiempos. Serio y sereno en el área, amable con la “tribuna” y un brillante atajador de penas máximas…. Después llegaron Julio Giraldo “el rápido”, Albeiro Betancur, Duvalio Castrillón, Emilio Rojas, Álvaro Botero, los Villada (Hernán, Hugo,  Edgar, Guillermo e Iván), Javier Gonzales, Alberto Rivera, Gilberto, “el Pato Marulanda”, Carlos Arturo Toro, “toitola”, Jorge Hernán Hernández, “el burrito”, y otros más…

La selección Colombia logró clasificar para Chile. El Caimán fue figura y en una de esas tardes se empató 4 por 4 contra la Unión Soviética. Tapaba allí Lev Yashin , “ la Araña Negra” y,  con goles de Marcos Coll, Marino Klinger, Antonio Rada y Cuca  Aceros, Colombia había conseguido una de las mayores hazañas de la historia del deporte colombiano: había igualado con uno de los favoritos al título mundial. A ese mismo Toño Rada, cuando jugaba en el Deportivo Pereira y viniendo de refuerzo con un equipo de la hoy capital, en una tarde de aquellas, nuestro “Peira” le había atajado un penalty, en primera instancia. Luego, en el rebote, logró igualar el partido. Pero fue una jugada inolvidable.

Ni Colombia llegó a la final de la Copa Mundo, ni aquellos jugadores, los nuestros, llegaron al profesionalismo, pero si aportaron sanos momentos de esparcimiento a un pueblo que lo requería, en tiempos de la violencia atroz que tantas cosas se llevó…

Aquellas muchachas ya son abuelas; los vendedores de helados, tirados y pandeyucas, nos volvimos viejos y muchos de quienes los fabricaron ya no existen, pero lo vivido está enseñándonos que los helados derretidos no volverán a tener forma y que ese fútbol no regresará, por más que se quiera desenvolver o recuperar la madeja del tiempo…

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