EL CRIMEN DE LOS GALLINAZOS

EL CRIMEN DE LOS GALLINAZOS

ESTE CASO OCURRIÓ EN MARSELLA EN EL MES DE JUNIO DE 1.957 Y LAS AUDIENCIAS SE CELEBRARON EN EL MES DE JULIO DE 1.962.AQUÍ SE RESALTA LA DEFENSA QUE HIZO EL DOCTOR BENJAMIN MONTOYA TRUJILLO ,FALLECIDO EN PEREIRA EL 15 DE DICIEMBRE DEL 2011.ES DE ANOTAR QUE AÑOS DESPUES ESTA AUDIENCIA SE PUBLICÓ EN FOLLETOS QUE FUERON DISTRIBUIDOS EN LA COMUNIDAD; SIN EMBARGO LOS NOMBRES DEL OCCISO Y UNO DE LOS SINDICADOS SE HAN CAMBIADO POR OBVIAS RAZONES.

Agradecimientos a Gilberto López Ängel

Audiencia Pública

Celebrada durante todo el mes de Julio de 1962, en el Salón de Audienciasdel Juzgado Segundo Superior de Pereira,

Sindicados: Bernardo Restrepo ,Hernán Cardona, Isaías Murillo (alias Pénjamo)

Occiso: Flavio Quiceno

PERSONAL

Juez de la Causa

Dr. EVELIO GOMEZ BOTERO ,Fiscal

Dr. JOSE RESTREPO JARAMILLO Parte Civil

Dr. JUVENAL MEJIA CORDOVA

 

Defensores I

Dr. ABELARDO RESTREPO VELEZ ,

Dr. GABRIEL CALLE ECHEVERRY,

Dr. BENJAMIN MONTOYA TRUJILLO

Jueces de Conciencia:

Dr. JOAQUIN MEJIA

Dn. ARTURO FRANCO

Dn. FRANCISCO LOAIZA

 

Don Flavio Quiceno era un ciudadano muy apreciado en la ciudad de Marsella por sus múltiples virtudes cívicas y por sus grandes condiciones de amigo y caballero. Un día, exactamente el 30 de junio de 1957, a eso de las seis de la mañana, fue hallado su cadáver a la vera del camino que de Marsella conduce a la casa de "Los Gallinazos". Esta familia la in­tegran Juan Bautista Monsalve, su concubina Carmen Sánchez, la hija de ésta de nombre Alicia Salazar y su hermanos Eduardo y Cenelia Salazar.

Las primeras sospechas recayeron so­bre estas personas, ya que Alicia era amante de don Flavio Quiceno, a quien diariamente visitaba, en especial, durante las primeras horas de la noche.

Fuera de don Flavio Quiceno, Alicia era galanteada por otros jóvenes muy distinguidos de aquella localidad, entre quie­nes se contaban Hernando Restrepo y Hernán Cardona.

La familia dé “Los gallinazos” fue llevada a la cárcel, y en un principio todos sus componentes negaron tener algún conocimiento sobre la muerte de Flavio Quiceno. Pero tan pronto como las auto­ridades descubrieron manchas de sangre en su camisa todos se apresuraron a decir que quienes habían matado a Flavio Quiceno,eran Hernando Restrepo y Hernán Cardona, asesorados del chofer Isaías Murillo, llamado popularmente "Pénjamo".

Explicaran que a eso de las doce de la noche, estando Quiceno sentado al borde de la cama junto con Alicia, hicieron su aparición en la pieza Restrepo y Cardona, aprovechando la circunstancia de que Carmen había salido dejando la puerta abierta. Que restrepo le descargó el primer peinillazo en la frente, y al caer al suelo, le descargó el segundo en la nuca, para luego ser rematado a cuchillo por Cardona. Agregan ''los Gallinazos" que Restrepo y Cardona lavaron el cadáver, lo envolvieron en un costal y se lo llevaron para Ia carretera en donde Ios estaba esperando Pénjamo. Que al rato regresaron para abusar de Alicia,, especialmente Restrepo.

La familia de “Los Gallinazos" fue puesta en libertad y a Restrepo y Cardona se les juzgó por los trámites del decreto 0013, habiendo sido condenados a la pena de 11 años de presidio. El chofer Pénjamo fue condenado igualmente a ocho años de pre­sidio.

Los abogados defensores lograron hacer anular el procedimiento en la corte suprema de Justicia, entidad esta que dispuso que el caso se ventilara ante los Jueces del pueblo.

En su audiencia pública intervinieron los más destacados juristas de la ciudad de Pereira. Y durante las veinte sesiones el salón se vio colmado de gentes de todo el Departamento.

Ante la imposibilidad de transcribir las brillantes intervenciones de los abogados que en ella intervinieron, damos a cono­cer el texto completo de la oración pronunciada por el joven penalista doctor Benjamín Montoya Trujillo, defensor de Isaías Murillo, alias Pénjamo.

MOMENTOS DRAMATICOS SE VIVIERON EN UNA DE LAS ULTIMAS SESIONES.

SORPRESIVO RUMBO TOMA LA INVESTIGACION.

BRILLANTE INTERVENCION DEL DR. BENJAMIN MONTOYA TRUJILLO

A las dos de la tarde el presidente de­clara abierta la sesión y concede la pala­bra al doctor Benjamín Montoya Trujillo, defensor de Isaías Murilio, alias Pénjamo.

El Dr. Montoya Trujillo, puesto de pie, dijo:

Soberano señor Juez, ilustres Jueces del Pueblo, señores doctores José Restrepo Jaramillo, Juvenal Mejía Cordova, Gabriel Calle y Abelardo Restrepo Vélez, señor y amigo Hernando Restrepo, señor y amigo Hernán Cardona:

Antes de entrar en materia, quiero muy respetuosamente manifestar mi inconfor­midad con la forma como el señor Juez ha ordenado el debate, ya que me ha conce­dido la palabra de primero, siendo yo el defensor de un procesado llamado por complicidad. Debería de haberla otorgado pri­meramente a los defensores de los falsa­mente llamados autores principales. Y ello ha debido ser así, no solamente por lógica jurídica, sino porque fue exactamente en ese orden como fueron llamados a juicio, y en ese mismo orden se elaboraron los cuestionarios. Como el doctor Restrepo Vé­lez se solidarizó con el señor Juez, de an­temano le pidió perdón por tener que en­trar a invadir los predios de su defensa, para poder hacer las cosas al derecho, pa­ra poder matar la culebra por la cabeza. En todo caso, señor Juez, que no se haga mi voluntad sino la vuestra.

Sres. jueces del Pueblo: Así como en la literatura universal existen obras de tal magnitud que sólo pueden escribirlas un Shakespeare o un Cervantes, así mismo en la vida de relación existen crímenes tan monstruosos que solamente criminales muy empedernidos o avezados, o gentes enfermas de la mente pueden realizar.

Allí que me sorprende sobremanera ver en el banquillo de los acusados a dos ciudadanos con quienes tuve la fortuna de sentarme en los mismos bancos de la escuela de mi pueblo, y por la cual puedo dar testimonio de su noble corazón, de sus buenos pensamientos, de sus correctos palabras y de sus bellas obras. Estos acusados no son ningunos "pájaros" de esos que hoy día merodean alrededor de este palacio y de este Distrito. Son dos caballeros consagrados por entero al servicio de sus hoga­res, especialmente Hernán Cardona, a cu­yo cargo han estado las obligaciones hoga­reñas desde la muerte de su señor padre. Sus madres son dos santas mujeres al estilo de las mujeres bíblicas, dechados de virtudes. Acaso Uds. no las han visto aquí durante quince días conmigo dos verónicas siguiendo el martirolo­gio de sus hijos? No les han visto esos rostros macerados de madonas ungidos de tristeza? .Cuando contemplo dramas de esta naturaleza recuerdo el diálogo sostenido entre una madre y su hijo ciego: Decía ella a su hijo “ yo clamo a Dios para que te dé la vista a fin de que puedas apreciar la magnificencia del universo, el resplan­dor de las estrellas, la policromía de las flores y la esbeltez de la gacela. Madre. repuso el niño, qué me importa a mí el resplandor de las estrellas, la policromía de los flores o la esbeltez de la gacela? Yo solo quiero mis ojos para poderte ver a ti, madre mía.

De igual manera, Hernando o Hernán pueden decir: madre, yo les pido a los jueces del pueblo que me den la libertad para vivir y morir por ti.

Siempre he sostenido que la sociedad le da al individuo el sobrenombre que este se merece. Hernando y Hernán carecen de ese alias, porque son gentes comunes y corrientes que nada malo han hecho, Isaías Murillo sí tiene su apodo, pero al oírlo pronunciar no produce espanto co­mo lo produce "Sangre Negra" o "El Sul­tán". "Pénjamo" tiene aire de fiesta, aire de canción ranchera, y no demuestra ninguna peligrosidad alguna. En cambio qué tenebroso apodo el de "Gallinazo" Preci­tamente el del ave maldita de la creación, el símbolo de la ingratitud. Ella está en todo lo descompuesto, en todo lo que ten­ga sabor a muerte, a tragedia, a corrup­ción.

Hernando Restrepo y Hernán Cardona es­tán pagando el divino pecado de haber estado enamorados de una mujer perver­samente bella. Y a veces creo que si yo no hubiera tenido la oportunidad de viajar a Bogotá a continuar mis estudios, más probable es que hoy estaría también aquí, acompañando como acusado a estos dos muchachos compañeros de generación porque a mí también me gusta la venus lasciva.

Este voluminoso expediente se ha con­vertido en una torre de Babel que ha logrado la confusión de lenguas entre todos los funcionarios que de él han conocido. Y están confundidos y andan en la desesperación, porque ninguno ha logrado encontrar la verdad. Porque es lo cierto que cuando la verdad se encuentra, se cal­man todas las tempestades y se apaciguan todos los sentimientos. De allí que podamos ver en este juicio cómo un inspector dice hoy una cosa y al siguiente otra; có­mo un Juez encarcela a unos y luego los deja en libertad para encarcelar a otros distintos, cómo un magistrado absuelve a unos y otros condenan a esos mismos, có­mo un Procurador dice que no hay prue­ba para condenar y una Corte Suprema anula el procedimiento. Por la misma ra­zón vemos a un Fiscal pidiendo un día la muerte del pecador y al otro, que sea perdonado para que se convierta y viva. Por lo mismo hemos visto a un represen­tante de la parte civil presentarse como Herodes a pedir la cabeza de un bautista.

Sin presumir de sabio y sin creerme el depositario de la verdad, ya que se ha dicho que sólo Dios es la verdad y el hombre camina en tinieblas, voy a des­pejar de un tajo todas las dudas para que la luz sea con nosotros.

Dicen los tratadistas de pruebas que cuando se está en presencia de un hecho criminoso, el Juez no puede "tragar ente­ro" sino que tiene que indagar hasta en­contrar la "verdad verdadera". Lo primero que debe examinar es si todos los tes­tigos de cargo merecen credibilidad, y luego ver si los acusados tienen la capacidad necesaria para delinquir, si han tenido un móvil suficiente para actuar y si al mismo tiempo han tenido la oportunidad para realizarlo.

A Hernando Restrepo , a Hernán Cardona y a Pénjamo los acusan los "gallinazos” de haber causado la muerte a Flavio Quiceno. Pero pregunto yo Se les puede creer? De ninguna' manera. Probado está que Carmen Sánchez y Alicia Salazar son mujeres de vida licenciosa. Daltino ha di­cho: "La meretriz debe fingirlo todo, disimularlo todo, desde el nombre de bautismo que cambia por otro , por el nombre de guerra, hasta la sonrisa que florece en sus labios. Aunque las tempestades más impetuosas, suscitadas por el hundimiento complejo de un pasado honesto y por la desalentadora oscuridad del porvenir, ha­gan rabiar su pobre alma; desde el interés que demuestra por el primero que recibe hasta el escalofrío voluptuoso que simula al contacto de las caricias no deseadas, todo es artificial en ella". Además, Paga­no proclamó: Las mujeres que se prosti­tuye públicamente por un precio no hacen fé en sus declaraciones, según la justa disposición de la ley 3* De Testibus.

Al niño Luis Eduardo Salazar, tampoco se le puede creer, debido a su corta edad, porque de acuerdo con la crítica criminal el infante no es buen testigo. Renán dijo que el peor error de la Justicia era creer en el testimonio de los niños. (Aquí hubo una acalorada discusión entre el doctor Montoya y el doctor Juvenal Mejía Córdova sobre si el niño era o no mitómano por naturaleza, sosteniendo el primero que en­tre la edad de ocho a diez años el niño era muy propenso a mentir por la evolu­ción mental que se operaba en él al dejar de vivir una vida en donde se creía rey del universo para entregarse a la realidad de una vida miserable. Y el doctor Juvenal Mejía negaba tal afirmación).

Quedan, dijo Montoya Trujillo, el testi­monio de cargo de Juan Bautista Monsalve, alias Gallinazo. Este sí que menos me­rece credibilidad, puesto que "gallinazo" es un enfermo mental como lo demostraré más adelante.

Y en conjunto, los testimonios de los "gallinazos" no merecen credibilidad, porque ellos tienen interés en mentir. £l muerto fue hallado en su casa, o mejor, se comprobó que allí fue muerto Quiceno, y es lógico que estén interesados en qui­tarse ese muerto de encima. Un caso se­mejante a este sucedió en Francia cuando un tal Chaminadie acusó al vagabundo Jante de haber violado y asesinado a una niña, cuando en realidad había sido él.

Los ciudadanos que han sido acusados por estas gentes y que hoy comparecen ante el Jurado son inocentes. Y lo son, no solamente por mandato de la Constitu­ción Nacional que estatuye que , a todo hombre se presume inocente mientras no se demuestre lo contrario, sino porque ellos no tienen capacidad delictiva. La ca­pacidad delictiva se deduce de la vida anterior, y estos caballeros están judicial­mente Inmaculados, porque en el expediente no existe constancia alguna de un pa­sado judicial funesto.

Son inocentes, porque al momento de suceder los hechos ellos no tenían ningún móvil que los pudiera impeler a semejante cosa. El señor Fiscal ha dicho que si acaso fueron Restrepo, Cardona, Pénjamo, ellos lo hicieron por celos. Pero resulta que aquí se ha dado una noción muy vaga y degenerada de lo que son los celos. Es absurdo soste­ner, como dice el Dr. Mejía Córdova, que los celos es lo que siente el profesional por el buen éxito de su colega, o lo que siente el Ventero de la esquina porque su vecino venda más. No, ello es envidia o pesar del bien ajeno. Los celos tienen ín­tima relación con el amor. "Y yo diría que es una de las manifestaciones patológicas del mismo. Por eso se ha dicho que si el amor es un niño, la pasión de los celos es un monstruo. Shakespeare llamó a los ce­los monstruo de mirada venenosa. Y yo me atengo a lo que este gigante de la litera­tura universal opina sobre los celos y me remito a su obra, en donde Otelo sufre la falsa creencia de que Desdémona le es In­fiel, duda que es fomentada por el funesto Yago. Y me baso en la definición que de los celos hace el diccionario de la Real Academia: "Tortura moral del que sospe­cha desvía o infidelidad en el ser amado*9.

De suerte que los celos son una "falsa creencia" de que el ser amado es poseído por otro.

Mejía Córdova: De suerte doctor Monto­ya que si esa falsa creencia resulta cierta entonces los celos desaparecen? o dejan de ser celos?

Montoya Trujillo: Exactamente.

Mejía Córdova: Entonces qué es eso? Montoya Trujillo: Eso es ya una realidad.

Mejía Córdova: De suerte que el hombre sigue sintiendo una realidad?

Montoya Trujillo: No Lo que siente es ira e intenso dolor causado por grave e injusta provocación.

Mejía Córdova: Eso no es así.

Montoya Trujillo: Le advierto que es el último grito de la ciencia jurídico penal.

Mejía Córdova: Y en el caso por ejem­plo de un marido engañado que al darse cuenta de que su falsa creencia es una realidad y no reacciona y castiga al in­truso, cómo queda su tesis?

Montoya Trujillo: Mi tesis queda muy bien. El que queda muy mal es el otro. El doctor Montoya continúa diciendo: No es cierto entonces que Cardona y Restrepo hubieran estado celosos de Alicia, porque ambos tenían conocimiento de que ella era la querida de muchos. Y en cuanto hace a Hernán Cardona, existe prueba en el jui­cio de que desde hacía más de nueve me­ses no se veía con ella; y en un tiempo tan largo todas las pasiones se mueren, porque el tiempo y la distancia son el mejor re­medio para las penas.

Mejía Córdova: En ciertas personalida­des el tiempo antes aumenta las pasiones.

Montoya Trujillo: El solo hecho de de­cir usted que en ciertas personalidades me releva de dar cualquier explicación.

Yo creo que en lugar de estar juzgando a Hernán Cardona por un delito que no ha cometido, se le debería reconocer pú­blicamente su honestidad de caballero, que habiendo tenido la oportunidad de acabar con la virginidad de Alicia no lo hizo, y cuando se le llamó a declarar una falsedad para salvar a Quiceno de la cárcel prefi­rió la muerte antes que mentir. Eso sí es ser caballero.

Además en esa época Hernán Cardona tenía como novia a una de las más preciosas quinceañeras de mi pueblo, Fabiola Cardona, cuya bondad, sencillez y belleza pudieron apreciar los señores jueces en esta sala, la cual le había robado todo su corazón ,hasta el punto de que Hernán ya no se preocupaba desde hacia nueve meses por Alicia.

Y Hernando Restrepo tampoco tenía celos que lo pudieran llevar a cometer una ac­ción de esta naturaleza. Porque él sabía a cabalidad que el mancebo de Alicia lo era Flavio Quiceno y de hecho estaba contento de que alguien acudiera al sostenimiento de su querida. En la vida práctica no se ha dado nunca el caso de que “el chivo" mate al “mozo” porque ello sería tanto como matar la gallina de los huevos de oro.

Mejía Córdova: Dr. Montoya, para mí el "chivo" es un hombre de alta peligro­sidad social.

Restrepo Jaramillo (Fiscal) Así es, estoy de acuerdo.

Montoya Trujillo: Por favor, no me in­sulten. Es la primera vez que oigo decir que amar a venus afrodita es un delito.

Y Penjamo, que es un convidado de piedra en este proceso, mucho menos pudo te­ner un móvil que lo indujera a participar en tan macabro asesinato.

En cuanto a la oportunidad para cometer el homicidio claro que sí la tuvieron. Pero de haberlo hecho lo hubiera sido en el camino que conduce a la casa de “los gallinazos” a donde iba Flavio Quiceno todas Las noches a muy altas horas, camino que se halla completamente desola­do. Ellos no iban a ser tan majaderos de ir a buscar testigos para hacerlo

En consecuencia, si los testigos se cargo no merecen credibilidad y si los acusados no tienen capacidad delictiva, ni tuvieron un móvil que los indujera a delinquir, ló­gicamente se deduce que Hernando, Her­nán y Pénjamo son inocentes.

Pero dirán los señores jueces del pueblo que si Hernando Restrepo, Hernán Cardona y Pénjamo no fueron los autores de la muerte de Flavio, entonces quién pudo ha­ber sido? Advierto que la sola duda planteada por el seriar Fiscal es suficiente pa­ra absolver a los acusados conforme lo es­tablece el art. 204 del C. de P. P. Pero como quiero que en la conciencia de la sociedad no quede ni siquiera la más mí­nima duda de que estos jóvenes son inocen­tes voy a decir y a probar quién mató a Quiceno. A Flavio Quiceno lo mató Juan Bautista Monsalve, alias "gallinazo"

Para llegar a esta verdad me voy a ba­sar en el raciocinio, en el mismo método que empleó Aristóteles para probar la existencia de Dios, porque si es lo cierto que ninguno de nosotros estuvo esa noche en el sitio de los hechos, lógicamente te­nemos que partir de datos que nos da este expediente para descubrir la verdad. Me baso en las siguientes razones:

Primera: "Gallinazo" es un sátiro. El mismo ha dicho en su indagatoria que más de tres veces ha estado en la cárcel por robarse a las muchachas y que ha sufrido muchas enfermedades venéreas. Sátiro se­gún la mitología griega era un monstruo de la manigua, mitad hombre y mitad cabra, porque la cabra es el símbolo de la concupiscencia. Luego queda probado, por confesión plena, que "Gallinazo" es víctima de la lujuria, de la concupiscencia y de la car­ne. Siendo ello así, y viviendo dentro de su propia casa una bella muchacha con quien no le unían vínculos de sangre, pues apenas era hija de su concubinaria Carmen, es natural que viviera enamorado de ella y con deseos de poseerla. Me causa risa la afirmación de ''Gallinazo" cuando en su declaración dice que no le hablaba a Alicia porque era muy vagabunda. Ello me recuerda de un cerdo que estaba en­señado a comer cuanta porquería le ponían, y una vez, al encontrarse un pelo en la agua-masa, no se la quiso tomar.

Por otra parte, este tipo de delincuente no es raro en mi pueblo. Ustedes recorda­rán la famosa audiencia de los Albaranes seguida aquí mismo, en donde acusaba Fabio Vásquez B. y defendía ese gigante de Camacho Carreño. Fernando Albarán abusaba de tres de sus entenadas y un día mató a quien pretendió casarse con una de ellas. No me da pena reconocer que este sea un delito típico de mi tierra, por cuanto que cada pueblo y cada nación tienen sus pecados que le son característicos. Así vemos cómo es de famosa la ma­la fe griega, la mentira china, la gula ale­mana, el orgullo castellano, la venganza corsa, la avaricia hebrea y la traición ita­liana.

Segunda: "Gallinazo" es un epileptoide. Es un caso patológico. Un enfermo de la mente.

Mejía Córdova: Su señoría sería extra­ordinario si se dedicara a escribir novelas. No sabe usted que aquí todo debe de cons­tar en el expediente Si en el juicio no existe ningún dictamen Forense ni examen psiquiátrico alguno, de dónde saca usted eso de que "Gallinazo" es un epiletoide?

Montoya Trujillo: Por los hechos los co­noceréis. Y así lo afirmo porque mis profesores de psicología jurídica me enseñaron que cuando en mi vida profesional me en­contrara con un hombre que fuera violen­to en sus reacciones afectivas, perezoso y lento, explosivo, con lagunas en la memo­ria, no vacilara un momento en pregonar a los cuatro vientos que" ese hombre era un epileptoide. (Aquí el doctor Montoya lee en el libro Manual de psicología del doctor Mira y López, algo relacionado con este tipo de personalidad, en donde se dice que en estos sujetos la reacción explosiva se pone al servicio de otras tendencias emocionales, singularmente de la sexual, originando entonces la aparición de las pasiones amorosas más o menos absurdasen las que lo característico es la brusquedad de su aparición y la gran agresividad de que dan muestras quienes las sufren. En este estado hubo una discusión entre los doctores Montoya y Mejía sobre el sig­nificado de la palabra bradipsiquia).

Tercera; Alicia Salazar viajó el sábado a Pereira y allí estuvo hasta el otro día Por la tarde cuando regresó a Marsella (en el carro de Pénjamo), y al ser recibi­da por Flavio Quiceno, le manifestó a éste que tenía miedo de ir a la casa porque "Gallinazo" estaba berraquísimo ;luego Alicia había viajado a Pereira huyendo del viejo. Sólo se atrevió a regresar a la casa porque así se lo insinuó Flavio.

Cuarta: No es cierto que "Gallinazo" hubiera viajado esa noche a su casa a las siete de la noche y que se hubiera acos­tado de inmediato y que la vía empleada hubiera sido la del colegio de las madres Bethlemitas. No. En el folio 11 vuelto obra el testimonio de Manuel Meneses que dice que a eso de las nueve y media de la no­che vió pasar al viejo que llaman "Galli­nazo", de pantalón blanco y ruana, por el camino que viene de Alto Cielo con direc­ción a su casa. Que pasó "despuesito" da haber pasado Flavio Quiceno.

Quinta: El machetazo recibido por Quiceno en la cara y en la frente no pudo haberse ocasionada estando este sentado, por cuanto a que en esa forma sería Imposi­ble que la herida bajara hasta el labio superior, pues se necesitaría haber partido la cabeza completamente en dos. Por otra parte lo natural, y ante la expectativa de un machetazo anunciado, habría sido levantar el brazo para atajarlo. Y en el brazo el cadáver no presentaba ninguna herida. Los médicos con quienes he hablado al respecto me han dicho que todos los hombres desarmados se defienden de !os golpes colocando de frente el antebrazo, y de allí lo numerosísimo de personas heridas en tales partes. Como en la necropsia no fe ha dicho cuál herida se produjo primero, es absurdo hablar o decir que la primera fue esa de la cara. En mi concepto la primera fue la de la nuca, cuando Flavio se encontraba encima de Alicia, bien fuera vestido o desnudo, ya que es bien común tanto lo uno como lo otro en esta tipo de amores. Producido este machetazo, lógicamente Flavio fue desplazado a un lado de la muchacha, y al quedar boca arriba le fue asestado el otro machetazo. He allí la razón para que el colchón, !a almohada y la ropa interior de la mujer aparecieran ensangrados.

Sexta. Los “gallinazos” han sostenido que Hernando y Hernán quemaron en el patio esa misma noche la sábana de caucho de la cama. Afirmación absurda y sin ningún sentido, ya que nadie se imagina que un delincuente vaya a ser tan topo de la mente, que se le ocurra hacer una fo­gata para avisar su presencia. Ya sábemos que los indios emplean esta forma de se­ñales para entenderse.

Séptima: No fueron Restrepo y Cardona quienes después de arrojar el cadáver al camino regresaron a forzar a la muchacha .Fue el viejo Gallinazo. Y de allí el por qué el cadáver fue arrojado en cualquier parte, puesto que en este tipo de delincuentes sexuales la víctima representa muy poco para ellos. Son como los zorros que ma­tan las gallinas para no comérselas. Pues lo que les interesa a este tipo de crimina­les es satisfacer sus deseos sexuales. Ade­más, esto es importantísimo, gallinazo era el único que podía volver a entrar a la casa, (pues de hecho él carga las llaves) ya que si hubieran sido otros, al volver, era imposible hallar las puertas de la ca­sa de par en par.

Mejía Córdova: No creo que un viejo de setenta y cinco años sea capaz de rea­lizar actos sexuales de esta naturaleza.

Gabriel Calle: Esta Semana Charles Chaplin de ochenta y cinco años tuvo un hijo.

Montoya Trujillo: Perfectamente bien contestado.

Séptima: Carmen Sánchez dice qua oyó a Pénjamo cuando hacia pitar al carro en la carretera. Esto si que no se lo traga na­die.

Octava: Lavar todas las manchas de sangre era un hecho que solo les convenía a los "Gallinazos", puesto que otros distin­tos habrían dejado allí tales manchas pa­ra comprometer a los gallinazos. Para qué Hernán y Hernando se iban a poner a realizar tales cosas?

Novena: Los "Gallinazos" en un princi­pio dijeron que el crimen lo habían reali­zado Hernán, Hernando y Pénjamo a las nueve de la noche. Pero cuando Hernán demostró eficientemente que había estado en cine esa noche hasta las once y media, ya cambiaron la hora y dijeron que habla sido a las doce de la noche.

Con estos razonamientos lógicos ha quedado demostrado que Hernán Cardona y Hernando Restrepo no fueron quienes asesi­naron a Flavio Quiceno sino que el autor del crimen fue el sátiro "Gallinazo*. De­mostrado esto, la inocencia de Isaías Murillo, alias Pénjamo, surge como una evi­dencia. Y evidente es lo que no necesita demostrarse. Por otra parte, esa noche si pasó por dicha carretera un carro negro como el de Pénjamo, pero era el de Her­nando Toro, que iba a realizar una carrera a La Bodega. Y es muy probable que al advertir "Gallinazo* la presencia de ese carro, hubiera largado el cadáver allí. Esa es la razón para que hubiera salido a relucir Pénjamo en este juicio . Porque los Gallinazos creyeron que ese carro era el suyo y que en consecuencia quedaba muy fácil achacarle ese muerto. Los testimo­nios de Deyanira Gómez, Soledad Gutié­rrez, Marta Rueda, Rafael Antonio Ceballos y Hernando Toro, sobre que vieron a Pénjamo guardar su carro en un garaje, habiendo quedado obstaculizada su salida por otro carro que se cuadró atrás, a las once de la noche, es algo que no admite discusión. Luego no pudo participar en ese hecho.

Se ha dicho que la mujer ama como un ángel y el hombre como una bestia. Si ello es así, es más creíble que haya sido ^Gallinazo" quien dió muerte al ciudada­no Quiceno, lleno de envidia por ver que poseía a la mujer de sus amores, y nó otra persona diferente. Si Restrepo y Cardona en algún tiempo estuvieron enamorados de Alicia, nada malo representa para la justicia ya que como dice el poeta: "Quien quiera que no tenga bajo el azul del cielo una mujer que encienda la fie­bre de su anhelo, es todavía más pobre que el último mendigo.

Señores jueces del pueblo: Cuando en los tiempos primeros de la historia no existían ni siquiera leyes, los prohombres de la Tribu eran los encargados de juzgar a los suyos, sirviendo de jurados. Y hoy esta institución es inseparable de los pueblo libres. Vosotros (ocupáis el mismo sitio qua ocuparon doce divinidades en el Olimpo para juzgar a un Dios acosado de homici­dio. Por vuestra honradez y señorío yo confió en que sabréis aplicar dignamente la justicia de los hombres.

Hernando Restrepo y Hernán Cardona: A nombre de la justicia yo les pido perdón por lo mucho que se os ha hecho sufrir du­rante estos cinco años. Pero no olvidéis que el Sermón de la Montaña parece haber sido pronunciado para vosotros: "Bienaventurados los que sufren persecu­ción por la justicia, porque de ellos será el reino de los cielos”

Al terminar el doctor Montoya Trujillo su oración, los sindicados, con lágrimas los ojos, lo abrazaron estrechamente.

Hernando Restrepo y Hernán Cardona e Isaías Murillo, alias "Penjamo",fueron absueltos por el jurado de conciencia en la última sesión.

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