EL TEATRO MARSELLA, UN UN ICONO DEL PASADO

«EL TEATRO MARSELLA, UN  ÍCONO DEL PASADO»

Por Diego Franco Valencia

 Fue un lejano día de 1957, cuando tuvimos la fortuna  de asistir, por primera vez. a la sala de cine del «»Teatro Marsella». Este era un  acontecimien­to inigualable. esperado por todos los niños de primero  de primaria. llevados en estricta formación desde la Escuela Urbana de Varones, bajo la vigilancia de los maestros. Fuimos a “palco», como se denominaba el segundo piso, con escalones de madera que servían de asiento, detrás del cual, por pequeñas ventanillas, salía un chorro de luz del sistema de proyección. Se trataba del famoso «cinematógrafo», aparato inventado por los hermanos Lamiere (franceses), cuyo estreno se dio en París el 15 de diciembre de 1895. Lógico que el nuestro era más perfeccionado, pero aun funcionaba coa la chispa luminosa que generaban dos electrodos de carbón, alimentados por la energía eléctrica. Más tarde sustituidos por lámparas de Xenón y ahora operados por sistemas digitales más avanzados

De todas maneras, éramos privilegiados. Estábamos disputando de uno de los inventos más importantes en la historia de la humani­dad. El cine. Por allí empezamos a conocer el mundo y a los actores y actrices que hicieron famoso a Hollywood, pequeña poblado del oeste norteamericano, cercana a los Ángeles.

Asi. palpitamos con las películas de Tarzán. el Llanero solitario, el capitán América, Roy Rogers y Bat Masterson Disfrutamos coa las persecuciones de forajidos, emprendidas por Durango Kid, Hopalong Casssdy. Pongo Wood o Sanana Conocimos la historia de Roma y su imperio coa películas como Cleopatra. Julio César. Quo Vadis y los últimos días de Pompeya. Aprendimos sobre la vida de Al Capone y Don Corleone (era la mafia de entonces). Las mamás lloraron y se divirtieron los las películas de Libertad Lamarque, Sara García. Arturo de Córdova, Sara Montiel o la Pasión de Cristo. Otros reímos con Cantinflas. los tres chiflados. Viruta y Capulina, Tin-tan o Mantequilla. Todos oímos las canciones y conocimos a los grandes de la Canaca: Tony Aguilar. Miguel Aceves Mejia. Pedro Infante, Jorge Negrete y Toña la Negra. Por allí entró la cultura mexicana y gringa a formarnos y. a su vez. a hacer estragos en nuestro comportamiento, como aseguraba alguna vez, uno de nuestros maestros de secundaria Disfrutamos a Gardel Charlo. Agustín Magaldi. Tita Merello y Mercedes Simone, a Alberto Gómez y otros señores y damas del tango.

El cine. fue un creador de cultura y un bastidor de comportamientos, conductas y conoci­mientos. Pero, por sobre todo, primaba la «estampa» del Teatro Marsella, al costado del

Palacio Municipal Un parlante anunciaba el comienzo del espectáculo, con los acordes de la Marcha «Aída» o «mi jaca», canción interpretada por Pepe Quintero. Abajo estaba la «Luneta», coa buenas sillas y -mejores aromas». Era el sitio para clase alta, para el «»cogollo» de la sociedad Los «pobres», arriba, los «ricos», abajo.

Pero todos, ricos y pobres, gozábamos de un mismo espectáculo, por diferente precio, como no ocurre hoy en las modernas salas de cine. El grito de Tarzán y el chillido de Chita, eran escuchados al mismo tiempo, así el asiento no fuera igual de placentero.

Con el paso del tiempo, nos dimos cuenta que el primer salón donde en Marsella, se inauguró hacia 1916, un año después de aparecer la luz eléctrica. Un señor, precisamente francés, trajo el primer apaño de proyección. Fue don Julio Nermy. Su empresa «Cinema Odeón» hacía presentaciones en una «casa de familia» de propiedad de Manuel Vásquez. Fueron empresarios precursores del cine, Don Luis Uribe (todavía tenemos descendencia de esta familia). Abdul Gaber. Manuel Jaramillo y  Blas Marín, entre otros.

Recordamos a uno de los últimos empresarios del teatro: Don Nayib Jozame. seguramente vinculado a Marsella por su compadre libanes o turco, Abdul Gáber. Jozame gerenció salas de cine en Chinchiná y Manizales Probablemente, por su conducto, llegaron aquellas «cintas» o películas inolvidables que presenciamos en el pueblo escondido de Marsella, casi al mismo tiempo que se daba su estreno en las grandes ciudades del país

Dos acontecimientos artísticos marcaron la vida de los marselleses. con alojamiento en ti viejo teatro. El primero, la presentación (única en la historia) de la orquesta de Enrique Rodríguez, con sus cantantes Armando Moreno y Raúl Iriarte. Era la «época de oro» del tango y sus orquestas argentinas. Corría el año de 1962. El segundo, la presentación de Lucho Ramírez. Víctor Hugo Ayala y Alberto Osorio. La Ia trilogía colombiana de! bolero, de los años  sesenta. Otros artistas, entre foráneos y locales, se presentaron en su escenario de tablas y en su estructura de bahareque, pero estos merecen renombre.

Como todo lo material, el viejo “Teatro Marsella» tuvo su fin. Murió con la demolición del palacio municipal que los  albergaba, hacia 197S. Se conserva en la inconclusa estructura de la actual sede del gobierno local, un rincón, donde alguien  pretendió revivirlo. Nicho que permanece en actitud de “espera», a ver si un” mecenas» se acuerda de él y permite que algún día las nuevas y futuras generaciones vuelvan a soñar y a vivir una época olvidada de cultura y sano esparcimiento que nuestra generación recuerda con nostalgia.

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