FILEMÓM GARCÍA, CONDUCTOR DE VEREDA

Por Diego Franco Valencia

L o s c a m p e r o s  Wi l l y s  y  s u s conductores hacen parte inevitable de nuestro paisaje cultural. Este vehículo sencillo y rústico inventado por los gringos para suplir necesidades del transporte de tropas en la segunda guerra mundial, se afincó en Colombia hacia los años 1945 y 1955. Década en la que descollaron por constituirse en las «mulas mecánicas» que pasaron a ser parte de nuestro patrimonio cultural. Por trochas e incipientes carreteras de nuestra geografía transitaron estos vehículos de pueblo que, sin lugar a dudas, contribuyeron al desarrollo socioeconómico de la región cafetera. Así surgió la empresa de jeeps, matriculada en sus inicios con Transportes Marsella y hoy constituida en calificada flota de la Cooperativa de Transportadores de Marsella, para referirnos a nuestra vida local.

Los operadores del vehículo fueron Y son personajes de nuestra cotidianidad. Serviciales y amigos del campesino, fueron y serán servidores inevitables para suplir las necesidades campesinas. Desde el envío de la remesa y los «mandados» de mitad de semana, el acarreo de sus productos y los materiales de construcción hasta los trasteos, convertidos en «jipaos» que tanto identifican a nuestra región.

Así, en ese medio social donde a todo el mundo se le conoce o identifica más fácil por el apodo, el alias o el sobrenombre que por el nombre de pila, tan pensado, a veces, para denominar a nuestros hijos, surgió este gremio conformado por hombres de bien que, aparte de devengar su sustento, se han convertido en personajes telúricos recordados por sus pilatunas, picardías, y por su particular manera de fabricar humor y por hacer más plácido el viaje a la vereda o a al pueblo.

Filemón García fue uno de estos señores que se arraigó en nuestra cotidianidad. Empezó como ayudante de conductores más reconocidos, como Horacio, Aurelio y Nolberto Vélez, hacia los años 1963 y 1965. Con ellos aprendió el arte de conducir automotores y un día feliz para él fue ascendido a «chofer», cuando Horacio le dejó el carro para que hiciera su primera carrera al Topacio. Corría el año de 1995. Lentamente se fue acoplando al gremio y llegó a constituirse en una figura fundamental del «cuadradero», como se denominaba al lugar donde parqueaban estos «semovientes motorizados» como él mismo apodaba a los camperos. Los camperos fueron su vida y los apodos parte de su idiosincrasia. Cualquier motivo le servía a Filemón para colocar el «remoquete» a sus compañeros. Así surgieron muchos de los apodos pintorescos de los conductores del ayer. Jairo Vargas, se conoció como «claveles», porque cuando trajo su Willys «engallado» de Chinchiná, adornaba la antena con claveles plásticos. «Mi carrito», era el otro nombre de Aristides Salazar, porque cuando preguntaba por su vehículo colocado en la empresa, lo trataba de esa manera. Dónde estará mi carrito? o Alguien sabe de mi carrito?, era la frase de Don Aristides. A Absalón Rivera lo bautizó «el americano», porque siempre refería que, en cuestión de repuestos, eran mejores los americanos (importados de USA) que los nacionales. A Nelson Marín lo denominó «barbuque», porque éste cuando se iba a almorzar decía «me voy tomar el barbuque o el «segundo golpe», seguramente una manera propia de referirse a la alusión francesa del «bar bouquet». Para que vea que aquí hasta somos políglotas. A Mario Londoño lo denominó «la monja», por lo callado y serio. Para él, Nolberto Vélez era «merejo» y a Antonio Marín lo denominó «machete viejo», porque este campesino se compró su jeep propio y quiso manejarlo él mismo, haciéndolo con su atuendo de campesino; no le faltó el machete, el poncho y hasta el delantal, según refieren algunos de sus conocedores.

Se nos fue Filemón, después de 91 años de historia. Hecho inevitable que este pasajero tránsito terrenal que es la vida tiene reservado para todos. Quedó entre sus amigos el legado de la honradez, la lealtad, el compañerismo y el servicio, además de la colección de sus apodos. Seguramente, en la eternidad al interrogarlo San Pedro, nos decía uno de sus amigos, le contó sus pilatunas, ya que fue un viejo con «alma de niño».

Dígame su nombre, por favor!. Filemón García, «para servirle a su merced!».

Filemón?. Ese es un nombre o un apodo? 

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