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GÉNESIS DE UN DESASTRE

Artículo publicado en Marsella al Día, edición del 29 de enero 2022
Carlos Arturo López Ángel
Las fuentes abastecedoras de los primeros acueductos de Segovia hacían parte del ecosistema de la quebrada Oriental, llamada después como El Socavón, por la mina de oro explotada en los alrededores de Atrancaderos y El Terminal.
Esos acueductos quedaron cortos ante las exigencias de la minería y el aumento de la población. La respuesta fue el trasvase de las aguas del Maní, El Surrumbo y La Nona hacia el Socavón, situación que alteró su equilibrio natural y podría ser una de las causas de los hundimientos de Milancito, San Luis y Ventiaderos. Sin olvidar las fallas geológicas.
Don Célimo Zuluaga, en su monografía, menciona que para facilitar la explotación de la mina La Isabela (Ecohotel Los Lagos), los ingleses construyeron una acequia de unos seis kilómetros por el antiguo camino a Pereira- hoy carretera- para llevar agua desde La Nona hasta la mina. Afirma que los ingleses también hicieron explotación aurífera en el Socavón y variaron su cauce cortando una colina, pues antes de esto corría hacia la quebrada del Matadero. Además, añade que la mina que existe en toda el área urbana es tan rica que los ingleses ofrecieron trasladar el poblado a la orilla del Cauca, pero los vecinos se opusieron.
Asimismo, el estudio Geología Ambiental del área urbana y suburbana del municipio de Marsella-1987, contratado por la Carder con la firma EGEO, también menciona la variación de un cauce, pero de la quebrada San Joaquín. El texto dice: “Existen indicios geomorfológicos y testimonios de ancianos que favorecen la hipótesis de la desviación de la quebrada San Joaquín a la quebrada Oriental-Socavón” y que “…el examen de los perfiles longitudinales de las dos quebradas también indica la fuerte posibilidad que la quebrada Villa Gómez o Matadero sea realmente la prolongación de la quebrada San Joaquín”. La aclaración de estas versiones es fundamental para entender los impactos ambientales de la antigua minería en este territorio. En eso están interesados varios miembros de la Academia de Historia.
Después, en 1954 fue inaugurada la conducción Surrumbo-Maní, que llegó vía alcantarillas hasta El Socavón. Y en 1983 arrancó el acueducto actual que captó las aguas de La Nona y cerró el ciclo de trasvases hacia esa cuenca, convertida ya en cloaca municipal.
Esos cuatro trasvases tuvieron consecuencias. Según el estudio de EGEO: “La captación de la quebrada La Nona para el acueducto municipal y la desviación de la quebrada San Joaquín a la quebrada La Oriental o Socavón han triplicado al menos el caudal original de la quebrada Oriental. La consecuencia de esta alteración en el régimen de las aguas superficiales puede haber ocasionado la profundización del cauce que provocó la pérdida de confinamiento de la interface cenizas volcánicas: saprolito/ depósito de flujo de lodo y en último término desencadenó el deslizamiento del sector de El Paraíso-La Oriental…”. El mismo documento cita el de Naranjo (1986) que atribuye los agrietamientos a lo largo del Socavón a la sobreexcavación de su cauce.
Hoy, para agravar la situación, los aguaceros torrenciales precipitan hacia esa cuenca un enorme volumen de agua que está afectando el descole del colector y sigue socavando el lecho de cenizas volcánicas hasta encontrar la roca.
Deben tenerse en cuenta, además, las filtraciones de la antigua acequia que pudieron afectar la naturaleza de los suelos de la vía Nona-San Luis, las aguas subterráneas y las posibles fugas del acueducto actual que corre por encima de la carretera en el mismo trayecto.
Este es un aporte a la investigación y al debate sobre los orígenes de varios de los problemas de la vía Pereira- Marsella-San Francisco. Lo que sigue es buscar soluciones basadas en la ciencia con el respaldo de profesionales y firmas de reconocida idoneidad.

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