Leyendas por el Alto de Valencia.El Cacique Nona

LEYENDAS POR EL ALTO DE VALENCIA (2)

por:Jorge Emilio Sierra Montoya

Sigamos con las leyendas por el Alto de Valencia, nada menos que a través del cacique de Nona o Noná, cuyo nombre se perpetuó en una enorme reserva forestal y su riachuelo…

(Ilustración: Plumilla de Julio Villada)

EL CACIQUE DE NONA

Muchos años después, surgió una nueva historia, también con proporciones de leyenda, que tuvo lugar igualmente por el Alto de Valencia, en cuyas laderas vivía uno de los tantos caciques indígenas que enfrentaron al conquistador español Jorge Robledo en su paso por estas tierras.

Por cierto, algunos historiadores, como Ernesto Gutiérrez Arango, no lo mencionan, pues citan, por ejemplo, a Tucuroma, Ocuzca, Cirucha, Angozca, Camonao, Periquita, Pimaná, Maitomá, Yayo, Consota, Pion y Chinchiná, pero dejan por fuera a éste, conocido en la región como el Cacique Noná (nombre -valga recordarlo- de una enorme reserva forestal en Marsella, de donde se desprende la quebrada respectiva).

En cambio, el investigador Juan Friede, citando a un cronista de Indias, sí lo incluye en esa lista.

Pues bien, del cacique se sabe que luchó a muerte contra las tropas hispanas en defensa de sus tierras y fieles súbditos, todos ellos engalanados con diademas, collares, pectorales, narigueras y aretes de oro, piezas elaboradas con el preciado metal que abundaba en minas de la región.

Al caer la noche, los indios se escondieron en el bosque para lanzar terribles y sorpresivos ataques que hicieron huir a sus enemigos por el río Cauca hacia abajo, hasta donde hoy están Belalcázar y Anserma, al decir de algún investigador local.

El Cacique Noná decidió, pues, permanecer en el Alto de Valencia, al que subió para ocultar su tesoro por temor a que el hombre blanco regresara para quitárselo.

Era el mismo sitio, claro está, donde durante muchos siglos se paseó el genio de la primera historia, la cual coincidía con ésta en ser el sitio escogido para guardar las codiciadas riquezas, cuya búsqueda insaciable no se detenía con el paso del tiempo.

Próxima entrega: ¡Mina de oro en el pueblo

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