PALISTAS Y PILISTAS

PALISTAS Y PILISTAS
HISTORIA QUE MUCHOS QUISIERON OLVIDAR.    

  Por Gilberto López Ángel.

El párroco Estrada, con el patrocinio del presidente del concejo municipal Don Camilo Uribe, reciben la fuente de agua o pila, de manos del arriero manizaleño Jesús Echeverry quien cobro 250 pesos por la ultima travesía entre Amberes Bélgica y Marsella.
La función inicial de la fuente o pila, fue la de un servidor de agua para la comunidad de la plaza y estuvo localizada en el extremo norte del parque, que se encontraba cercado y se cerraba a las 6 de la tarde.
En los años 40, con la primera remodelación de la plaza, se trazó el parque con cuatro bloques de zonas verdes, áreas de circulación con anillo perimetral. La fuente o pila, se desechó como elemento mobiliario de la plaza y fue trasladada al hospital para guardarla con destino a un posible parque proyectado en la pista, al lado oriental del hospital, donde permaneció por varios años arrumada bajo las escalas de acceso a la capilla de la institución de salud.
En el diseño de la nueva plaza se tomó como centro de ese universo, una araucaria de la que Guillermo Uribe escribió en su momento, “Un 12 de octubre, guiados por el amor y la piedad de seres que enrutaron sabiamente cerebro y corazón; con alegres muchachos de nuestra misma escuela, entre jubilo de cantos y apresurado latir de corazones, sembramos como a la mejor amistad de tiempos mosos, entre afectos y esperanzas, una pequeña araucaria en la que cada uno fincaba la ilusión sostenida de que en futuros tiempos todas las alegrías quimeras y triunfos tendría perenne testigo en el árbol que plantábamos, en cívico aprendizaje de dignas acciones.”
Por su parte, Fabio Quintero Valencia se refería así al árbol “Nadie que sepa valorar la familiar y preciosa araucaria que delicadamente embellece el centro del simétrico redondel con su entrañable fronda que tanto demoro en formarse fuera derribado para ceder el punto a una nueva pieza que entra bien de complemento a La araucaria cuyo crecimiento se esperó con ansiedad y se cuida con esmero” 
Las anteriores apreciaciones consignadas en artículos publicados por la prensa local obedecían a la intenciones de la sociedad de mejoras públicas del municipio y con el respaldo del párroco, para derribar la araucaria y colocar la fuente de agua o pila. A partir de este momento el grupo cívico se divide en dos fracciones, Los palistas defensores de la araucaria y los pilistas seguidores de las sugerencias del sacerdote. 
La puja de los unos y los otros se prolongó por casi dos años, hasta agotar la paciencia de los pilistas, quienes contrataron un aserrador en milancito, de apellido Velásquez, para que en compañía de dos primos, con hacha en mano a las tres de la mañana derribaran el árbol en el menor tiempo posible.
“El golpe de las hachas se camuflo con la fría neblina del nuevo día recorriendo las empedradas calles, Por las rendijas, los cercos y descuadradas puertas entraron presurosos los 15 secos golpes de los hachazos como quejidos lastimeros del árbol pidiendo ayuda”.
“Ya era tarde, solo acudió el llanto de la nubes, las bisagras de los cómplices postigos no rechinaron en la fría oscuridad, y en la temblosa mano una copa quería escapar de los impuros dedos ungidos para señalar…. “ 
“Los pilistas en medio de macabra sonrisa bajo las cobijas, optimistas contaron uno a uno los hachazos hasta que un crujir de ramas seguido y un leve temblor anuncio la muerte de la araucaria sin dejar….”.
“Fabio, que se encontraba dos cuadras arriba, se despertó con el primer golpe y con sufrimiento los siguió uno a uno, se quiso levantar, pero el miedo infundido por su madre, le recordó el riesgo de contradecir los designios del ministro de dios y mejor….”
“Adelfa, Guillermo y Alfonso, coincidencialmente se encontraron en la esquina de la droguería de Luis, con sus miradas tristes se contaron los temores y caminaron silenciosos rumbo al centro de la plaza, donde el inmenso vacío le daba paso al brillante sol sobre el pantanoso piso. A cada paso…”
“Guillermo, conocedor de los comportamientos del oscurantismo, con frustración de sueños perdidos en su rostro, se inclinó mientras de sus bolsillos sacaba velas fabricadas por Olimpo con instrucciones específicas, una a una las hundió en el pantano de las la cuatro esquinas del árbol vencido. Lentamente se alejó del aroma aceitoso de la araucaria, cuando sintió sobre su hombro la mano rabiosa de un amigo, se miraron y solo encontraron un movimiento negativo de sus rostros, Fabio mostro cuatro velas compradas en la tienda de Gonzalo Mejía, los dos amigos se inclinaron para rodear con OCHO fuegos eternos los sueños frustrados sembrados en su niñez….”.

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