RISARALDA, UNA CREACION ENTRE EL SI Y EL NO

Por Diego Franco Valencia

La creación de este departamento tiene ciertas connotaciones y características parecidas a la diferencia ideológica que despertó el pasado plebiscito frente al proceso de paz. Solo que aquella vez se trataba de dirimir un conflicto de intereses entre los que querían la independencia política y territorial del «Viejo Caldas», argumen­tando un exagerado centralismo de la tradicional clase política caldense, asentada en su capital Manizales. Según los líderes regionales de Pereira, los recursos que debían atender las necesida­des de región eran «jalonados», descara­damente, por la dirigencia política manizaleña hacia el cubrimiento y realización de obras de infraestructura, principalmente, de la capital y su vecindad, abandonando el resto de la provincia, llena de falencias de desarrollo. La construcción del Teatro Fundadores se convirtió en «el florero de Llórente» para los amigos de la causa separatista, animados por la muy reciente separación del territorio «cuyabro», meses antes consolidada en el nuevo departamento del Quindío.

«La Mariposa Verde» había perdido parte de su cuerpo y ahora se gestaba la pérdida de una de sus «alas». Del territorio Caldense solo iba a quedar el viejo recuerdo del poema de Luis Carlos Gonzáles, musicalizado por Fabio Ospina. Mientras en Pereira los líderes del civismo, encabezados por don Gonzalo Vallejo Restrepo (después Gobernador), Óscar y Hernando Vélez Marulanda, Octavio Mejía Marulanda, entre otros, pulsaban por la creación de un nuevo departamento, Risaralda (nombre tomado del río y su valle aledaño al municipio de la Virginia), en Marsella, se formaba el grupo «separa­tista». Corría el año de 1965. En esta lista figuraban Elias Bedoya, Adalgisa Restrepo, su esposa, Campo Elias Ramos, Alfredo Marulanda, Alfonso S alazar, Jesús María Peláez, Gentil Flórez, Carolina Castaño y su hijo Fabio Posada y Arturo Jiménez. Estos eran los del SÍ. Otros defendían la causa de la no separa­ción. Allí figuraban nombres como los de Guillermo y Alberto Peláez, Manuel J. Posada, Gustavo Arístizábal, Conrado y Melba Gómez Duque, el médico Rufino Cuartas. Era el grupo de los del NO. La diferencia con lo de ahora era que no se iba a concluir en consulta popular, en plebisci­tos o situaciones similares. La gestión era intervenir ante el Congreso y el Presidente de la República, Carlos Lleras Restrepo, para que la tal «separación» se diera o no. El proceso concluyó, cuando el primero de diciembre de 1966, el Presidente Lleras sancionó la Ley 70. El «SÍ» había ganado. Nacía el Departamento de Risaralda, cuya vida jurídica comenzaría «una aurora inicial de febrero», precisamente el primer día de este mes del ya lejano 1.967. Hoy, cincuenta años después, la vida social, económica y política de la región es diferente. Muchos de los actores no existen y otros vientos diferentes a los del odio, el dolor de la pérdida y el resentimiento soplan en favor de un Risaralda abierto al progreso de sus habitantes, al desarrollo y al mejoramiento de la calidad de vida de sus moradores. La clase política y dirigente asume nuevos retos.

Concluyó un período de la historia digno de mencionar, que plagó nuestra libreta de recuerdos, de anécdotas susceptibles de ser contadas después, ya que fueron muchas las «metidas de pata» y las’ ‘montañera das» realizadas por nuestros representantes de pueblo, en sus desplazamientos a la capital de la República, para lograr sus objetivos, finalmente alcanzados. Pero todo es válido cuando se construye historia. No importa que «la mariposa verde» del viejo Caldas se haya borrado del mapa Colombiano y los bambucos de Luis Carlos Gonzáles no suenen hoy, con la alegría que lo hacían cuando nuestra vida era más simple y los recuerdos mas gratos.

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