UNIDAD 8. EL DEPORTE

a. Historia 

LA PRÁCTICA DEL FÚTBOL

La historia del deporte en el municipio de Marsella tiene su mayor énfasis en la práctica del fútbol y que ha tenido cuatro escenarios en el desarrollo del mismo.

El primer espacio que sirvió para la práctica del fútbol fue  un potrero por el lado de la piscina; después se pasó a la plaza principal, pero cuentan los que recuerdan esa época que la mayoría del tiempo se utilizaba  para bajar los balones de los tejados de las casas que estaban  alrededor de la plaza, con la debida problemática que generaba debido a los daños causados y los enfrentamientos con los habitantes de estas viviendas.

Una primera etapa, como deporte organizado, , se desarrolló en la cancha de la Beneficencia.   Se destacan los intercambios deportivos con el municipio de Belalcazar por medio de cabalgatas utilizando la vía Beltrán y el puente sobre el río  Cauca que finalmente se derrumbó con el paso de ganado de las haciendas vecinas.

En La cancha del Instituto Agrícola se desarrolló  una etapa brillante del fútbol. Se cuenta que un alcalde aficionado a este deporte, don Libardo Toro, contrataba empleados para el municipio a jugadores profesionales de la época; se destacan algunos nombres como: Piata  Hernandez, La Hidalga, Sarria y otros. Que jugaban en equipos de Manizales.

La última etapa del fútbol se está viviendo en la cancha que inicialmente se llamó «La laguna». Allí se construyó el «Estadio La Rioja», derivado este nombre del sector donde está ubicado y por las condiciones iniciales del terreno.

Se destacaron equipos como la Selección Equis, Atlético Marsella,  Juventus y otros.

Hasta la década del dos mil funcionó además la cancha de fútbol y baloncesto, anexas al Parque de la salud.

Un grupo de dirigentes conformaron un equipo de segunda división durante varios meses con jugadores semiprofesionales.

En los últimos años se  destaca la participación de la Selección Marsella de fútbol en la prestigiosa “Copa Ciudad Pereira”.

Actualmente funciona una oficina de deportes donde hay un equipo de monitores en varias disciplinas que administra los diferentes escenarios ubicados en la zona urbana:  estadio Municipal La Rioja, La Beneficencia, cancha Manuel J. Posada A., cancha Sintética, La Bombonera (Barrio Buenos Aires),CIC (Centro de Integración Comunitaria)  y los espacios ubicado en el Parque dela Salud o Polideportivo.

ENTRE LINEAS

Por: Julio Giraldo Alzate

 

Por la década del cincuenta en Marsella, era frecuente, ya caída la tarde del domingo, ver caminar con rumbo hacia Pereira, cabizbajo y triste un personaje  vestido todo de negro. Era uno de tantos árbitros de fútbol que en veloz carrera por entre cercas  y matorrales había tenido que huir de las amenazas proferidas por don Arturo Patiño, quien envuelto en una bandera de Marsella y peinilla en mano, objetaba la decisión del árbitro de cobrar  una pena máxima contra el Atlético Marsella.

Vienen a mi memoria estos retazos al ver a los marselleses haciendo deporte en la cancha del Instituto Agrícola; terraplén que fue escenario de las mayores gestas futbolísticas de que se tenga noticia en esta población. Desfilan por mi mente nombres como los de “Piata”, “Ayala”, “Zarria”, “La Hidalga Caicedo”, “Pateguz”,”Oscar Suaza”, “Gustavo Tamayo” y otros borrados ya por el tiempo, y que constituyeron mis héroes de infancia.

Por esta época era recogebolas, que era una tarea bien difícil; no como los de ahora, que solo tienen que agacharse. Había que estar pendiente del balón para ir cuesta abajo a buscarlo; solo temíamos  que el cobro de la falta la hiciera “La Hidalga”, pues, se paraba el partido media hora, el tiempo que necesitábamos los chinches recogebolas en bajar hasta la carretera a buscarlo.

Y era que este deportista le daba tan  duro  al balón, que entre los niños se tejían leyendas como la de que tenía un pie “sellado” por el gobierno porque había matado un portero en Medellín con un penalti que cobró.

Aspiramos, pues, en la reinauguración del estadio en próxima fecha, no obstante los calendarios encima, revivir con otros recogebolas de entonces, aquellas épocas febriles de buen futbol. 

 

ESE FÚTBOL DEL AYER:

Pategús, Peira, “la viga” Restrepo y otros señores futbolistas.

 Diego Franco Valencia

Estaba la Selección Colombia preparándose para el mundial de Chile de 1962, entrenada por Adolfo Pedernera, y la fiebre del fútbol nos hacía presagiar que íbamos a clasificar. El fútbol, en verdad, como lo es ahora, era más que un deporte: una pasión, un distractor ineludible para los niños y los muchachos de  entonces. En Marsella, la gran cancha era la del Instituto Agrícola, un terraplén de escasas dimensiones, donde se perdía más tiempo trayendo el balón, marca Soria, de la quebrada o la cañada que por el mismo discurrir del juego. Sin embargo allí era la cita dominical de hinchas furibundos como don Gonzalo Atehortúa, Don Guillermo López o el viejo “Charol”, zapatero de antaño que había figurado en los olvidados anaqueles del recuerdo de nuestro deporte favorito. La muchachas del pueblo engalanaban con su presencia delicada y femenina, por cierto, aquellos espectáculos memorables.  Allí estaban las Correa, las hermanas Vásquez, Chavita y Alba Lucía Sierra, Flor Toro y otras encantadoras muchachas de la localidad y del campo y nosotros, “los pibes”, vendiendo los helados de Carlos Reyes o los pandeyucas de Argemiro Villada y los tirados de las Posada. Todo era un espectáculo. Tanto, que los helados terminaban derretidos y la liquidación por las ventas se hacía contando los palos que flotaban en el líquido del deshielo. Todo, por ver las voladas “de palo a palo” del famoso Pategús, el longilíneo arquero de la Selección,  chofer o pato de un bus de escalera, quien con sus osadías nos hacía vivir, a lo provinciano, las atajadas del Caimán Sánchez, portero de Colombia; los magistrales cabezazos defensivos de Arturo Patiño, las tijeretas defensivas de Diego Mejía,  Guillermo “el tío” Osorio o José Marulanda, las gambetas y el gol de Carlos Restrepo “la Viga”, infalible en el área contraria y magistral en el cobro del penalti. Cabeceador y goleador, únicamente igualado en nuestro medio por Albeiro Rivera, quien figuró para el fútbol muchos años después, cuando ya el templo del fútbol era el Estadio La Rioja, que para aquel entonces era una laguna de la que salían los espantos vigías de las oscuras noches del poblado. Ese negro, pategús, se envejeció y, como tal, entró en decadencia y vimos florecer, crecer y hasta sucumbir su reemplazo. Fue Guillermo Betancur,  “Peira”, quien, en mi modesto concepto, fue el mejor portero de todos los tiempos. Serio y sereno en el área, amable con la “tribuna” y un brillante atajador de penas máximas…. Después llegaron Rodrigo Quiceno ( quien integró la Selección Risaralda en los Juegos Nacionales de Ibagué en 1.970), Julio Giraldo “el rápido”, Albeiro Betancur, Duvalio Castrillón, Emilio Rojas, Álvaro Botero, los Villada (Hernán, Hugo,  Edgar, Guillermo e Iván), Javier Gonzales, Alberto Rivera, Gilberto, “el Pato Marulanda”, Diego y Arley Marulanda, Carlos Arturo Toro (toitola), Carlos Hernán Hernández, (el burrito), y otros más…

 

La Selección Colombia logró clasificar para Chile. El Caimán fue figura y en una de esas tardes se empató 4 por 4 contra la Unión Soviética. Tapaba allí Lev Yashin , “ la Araña Negra” y,  con goles de Marcos Coll, Marino Klinger, Antonio Rada y Cuca  Aceros, Colombia había conseguido una de las mayores hazañas de la historia del deporte colombiano: había igualado con uno de los favoritos al título mundial. A ese mismo Toño Rada, cuando jugaba en el Deportivo Pereira y viniendo de refuerzo con un equipo de la hoy capital, en una tarde de aquellas, nuestro “Peira” le había atajado un penalty, en primera instancia. Luego, en el rebote, logró igualar el partido. Pero fue una jugada inolvidable.

Ni Colombia llegó a la final de la Copa Mundo, ni aquellos jugadores, los nuestros, llegaron al profesionalismo, pero si aportaron sanos momentos de esparcimiento a un pueblo que lo requería, en tiempos de la violencia atroz que tantas cosas se llevó…

Aquellas muchachas ya son abuelas; los vendedores de helados, tirados y pandeyucas, nos volvimos viejos y muchos de quienes los fabricaron ya no existen, pero lo vivido está enseñándonos que los helados derretidos no volverán a tener forma y que ese fútbol no regresará, por más que se quiera desenvolver o recuperar la madeja del tiempo…

Agregamos a los personajes mencionados en el artículo anterior, los nombres de Octavio Castaño Benjumea, Hernán Cardona Cardona, Israel Meza Patiño, Guillermo Londoño, José Luis Ríos Arias, Abimael Antía Villa (organizador de las primera olimpiadas deportivas estudiantiles en el Instituto Estrada),quienes formaron niñez y juventud deportivas, desde su práctica pedagógica integral y además proyectaron otras actividades complementarias como el juzgamiento arbitral en las diferentes disciplinas.

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