HISTORIAS DE VIDA-MARSELLA

Presentación

La presente cartilla es el resultado de la investigación Un viaje por la memoria para la paz y la no repetición, adelantada por el semillero ISEGORÍA de la Facultad de Comunicación Social para la Paz de la Universidad Santo Tomás, con el apoyo de la población, la Casa de la Cultura y la Alcaldía de Marsella, Risaralda. Este documento ilustra las historias de vida de cinco marselleses que hicieron parte del proceso de identificación, inhumación y adopción de los cuerpos que llegaban al municipio producto de la violencia del Norte del Valle; además se convierte en un homenaje a todas aquellas personas de Marsella que en medio de la adversidad han tenido expresiones que han contribuido a la construcción de paz en el país.

Agradecimientos

A la Casa de la Cultura y la Alcaldía de Marsella, Risaralda; así como a cada uno de los pobladores del municipio que nos abrieron las puertas de su territorio para permitirnos conocer un poco más de su historia y su trasegar en medio de la violencia. A quienes nos brindaron entrevistas, datos y fueron nuestros guías en medio de la investigación también les agradecemos.

Como a mis hermanos los han desaparecido, esta noche espero a las orillas del río a que baje un cadáver para hacerlo mi difunto. A todas en el puerto nos han quitado a alguien, nos han desaparecido a alguien, nos han asesinado a alguien, somos huérfanas, viudas. Por eso, a diario esperamos los muertos que vienen en las aguas turbias, entre las empalizadas, para hacerlos nuestros hermanos, padres, esposos o hijos.

(Pardo, J. E. 2011. Sin nombres, sin rostros ni rastros. Sin nombres, sin rostros ni rastros* (11), 317. Bogotá, Colombia)

Dedicatoria

Esta cartilla va dedicada a todas las víctimas del conflicto armado en Colombia y en especial a quienes desde sus relatos han decidido compartirnos historias colmadas de recuerdos, pero sobre todo de resistencia. Asimismo, extendemos esta dedicación a los marselleses, quienes nos enseñaron el valor de la resiliencia y la solidaridad.

En un marco de posconflicto tras la firma de los acuerdos de paz entre el Gobierno Colombiano y las Farc, se hace necesario pensar en las acciones pacíficas que empoderan y generan actitudes de liderazgo en las comunidades afectadas por el conflicto. Un reflejo de esto, son los actos humanitarios realizados por la población de Marsella y la vereda de Beltrán en Risaralda, que se convierten en un ejercicio para la reconstrucción de la memoria individual y colectiva, además de una forma de resistencia ante el olvido de los suyos.

Símbolo de paz

Mi nombre es María Inés Mejía, vivo en el corregimiento Alto Cauca del municipio de Marsella-Risaralda. Yo empecé a trabajar en el 92 los cadáveres del río Cauca en el tiempo en que se hicieron recortes de personal y quitaron unas inspecciones, entre ellas la de Beltrán, quedando el corregimiento del Alto Cauca encargado de esa vereda.Yo cumplía un horario en la oficina y cuando avisaban de un cadáver yo inmediatamente salía; tenía en la semana un día libre, era el día miércoles y el día domingo, de por sí todos teníamos en la Alcaldía ese tiempo libre y los festivos, pero para mí si era un domingo, si era mi día libre, si era mi festivo no tenía problema para ir a la hora que me llamaran para recuperar un cuerpo.

Yo nunca había hecho nada de eso cuando empezamos a trabajar con la vereda Beltrán -pues a uno le avisaban sobre un cadáver y tenía que ir de todas maneras a recogerlo, pero ya me fui como acostumbrando a ellos y me fui prácticamente encariñando a esos cadáveres. Yo no podía permitir que dijeran «hay un cadáver en tal parte», por muy retirado que estuviera de la vereda, yo iba, porque me ponía a pensar en la familia de esas personas, de esa persona que la esta-ban buscando y que uno sabía que estaba en un rinconcito del río donde las aves de rapiña.estaban acabando con él. Entonces hacia e viaje hasta donde estuviera, unas veces en canoa, otras veces caminando y los recogía y los hacía llegar al cementerio de Marsella, por medicina legal.

 Tuve mucho contacto con muchas familias de estos cuerpos: gente de Cali, de Tuluá, de Buga, de Cartago, de corregimientos del Val le, de varios municipios del Valle, del mismo Risaralda, de La Virginia, de Pereira… normal mente ellos lo llamaban a uno y le decían «tengo a mi papá, o a mi hermano, o a mi tío o a mi hijo, o a mi prima» a cualquier familiar y yo ya me encargaba de preguntarle qué características tenía la persona: su estatura, su contextura, si tenía lunares, tatuajes, de pronto cómo tenía la dentadura, su vestido, cuando se desapareció. Uno le hacía las preguntas  al familiar, que creyera que, de pronto, si necesitaban por muy pequeñas informaciones que fueran, siempre ayudaban mucho para reconocimiento de esas personas.

Y Yo siempre he pensado que cuando uno tenga el trabajo que tenga, todo lo debe hacer con amor, con dedicación y si yo estoy, digamos, trabajando en el campo, -suponiendo, recolectando café y voy a tratar esos palos de alguna manera, pues todo me va a quedar mal. Lo mismo pasaba con los cadáveres, si uno hace las cosas con amor, uno no siente ni fastidio, ni olores, porque son cadáveres que están en un estado de descomposición bastante fuerte y uno en ese momento no siente, yo no sentía; mi esposo me decía que yo tenía nariz de gallinazo y al que le preguntara decía: ¡Ella tiene nariz de gallinazo! Todo el mundo se ve tapándose la nariz, la boca, volteando la cara y yo a ver es de pronto iba por el río y no sabía de un cadáver y de pronto iba en la canoa con él -su esposo- y yo veía que estaba flotando un cuerpo y yo le decía arrímese y ayúdemelo a coger; el me  decía  Yo no le ayudo!  I cójalo usted! A mi no me importaba que estuviera a mano pelada para cojerlo y arrodillarlo. Entonces, yo pienso que lo que uno haga con amor queda bien hecho y uno no siente ni fastidio, ni miedo, ni nada por ellos.

YA ME FUI COMO ACOSTUMBRANDO A ELLOS Y ME FUI PRÁCTICAMENTE ENCARIÑANDO A ESOS CADÁVERES.

Inés Mejía

 MIS HERMANOS

CUANDO YO LOS SEPULTABA, LES DECÍA: «QUE DESCANSE EN PAZ Y QUE OJALÁ VENGAN POR USTED HERMANO, USTED NO ME HA HECHO NADA, PERO QUÉ VOY A HACER, TENGO QUE TIRARLE TIERRITA ENCIMA».

NARCÉS PALACIOS

ES DIFÍCIL SABER QUE MUCHAS FAMILIAS NO ENCONTRARON LOS CUERPOS DE SUS FAMILIARES Y PENSAR QUE POSIBLEMENTE ALGUNOS DE ELLOS ESTÉN AHÍ ENTERRADOS.

CARLOS ARTURO RAMÍREZ

YO SABÍA QUE CADA UNO DE ESOS CUERPOS TENIA UNA HISTORIA, UNA VIDA Y ADEMÁS UNA MADRE QUE POSIBLEMENTE NO TENÍA RAZÓN ALGUNA SOBRE SU HIJO(A) Y ALGÚN DÍA LOS PODRÍAN RECONOCER

LUZ MARÍA ORTIZ

Soy Carlos Arturo Ramírez hace 14 años hago parte formal del Instituto de Medicina Legal del municipio de Marsella como asistente forense, aunque realmente en este campo llevo más de 36 años. Siempre he hecho las cosas con pasión, este ejercicio es una vocación para mí; no olvido que mucho antes de prepararme en una Universidad y recibir conocimientos técnicos, fui educado en casa con el valor de la humildad que representa de manos a pies lo que soy como Carlos Arturo. Mi infancia fue muy humilde, nací en un hogar siendo el tercero de ocho hermanos y he vivido el flagelo de las muertes de este país, me mataron a mi hermano mayor y a un sobrino; pero también viví el duelo de muertos ajenos donde muchas de las situaciones que de infante me topé se convirtieron en oportunidades que más adelante trazaron mi camino.


Recuerdo que mi padrino estando yo muy niño me llevaba al cementerio en el que yo presencié varias de las necropsias que él hacía; sin sospechar que tiempo después, en este municipio y cementerio Jesús María Estrada estaría yo realizándole esos mismos procedimientos a los cuerpos que eran recogidos en Beltrán de los 80’s a los 90’s. y se los traían al municipio para la identificación y darle posteriormente la cristiana sepultura. Eso me empezó a gustar y le cogí cariño. Cuando otras personas iban a buscar a mi padrino y él no estaba me decían que los acompañara y yo a pie limpio, con un pantalón cortico y sin guantes iba y ayudaba. Es más, por mucho tiempo hice mi labor y no recibí nada a cambio, recuerdo que era la satisfacción la que incentivaba. Y ¿Qué fue representativo para mí? Definitivamente haberme cruzado por el camino a quién considero mi segunda madre. La Doctora Luz María Ortiz lo es todo. Ella me motivó a que yo estudiara, y si bien soy orgulloso de lo que fui, de ser un campesino, comprendí que necesitaba darle forma técnica a mi labor. Fue así como mi gusto por las necropsias me llevo a estudiar; validé mi bachillerato y luego estudié en la universidad medicina legal. La Doctora Luz María fue valiosa en mi proceso, ella me explicaba los procedimientos, sobre todo el cómo hacerlo pues el tema rudimentario yo lo desconocía por completo, pues imagínese, yo solo manejaba en ese momento: un cuchillo y un par de piedras para abrir los cráneos, más si entre sus membranas este guarda proyectiles.

Realicé entonces el ejercicio forense en Marsella en una época de mucha violencia y para ese momento, no había apoyo suficiente, nos tocó hacerlo por la necesidad de la población aun así se careciera de elementos; la situación del momento social y político condicionaba nuestro ejercicio pues debía ser inmediato, eran muchos los cuerpos que se traían desde Beltrán, realmente sistemático y además había que estimar el afán de muchas familias por saber de sus seres queridos. Debo decir que los marselleses acá se impresionaban, a uno lo veían que iba a hacer la necropsia y decían —Ve, van estos raja muertos. Pero de doy gracias a dios que este rajamuertos o esta persona hacia una labor social muy buena.

El duelo

Yo, Carlos Arturo digo viví el duelo, porque así como había quienes buscaban y lograban hacer el reconocimiento de su ser querido, la historia de muchos otros cuerpos era otra, solo tenían dos dueños: la Doctora Luz María y yo; cuerpos que ahora están perdidos ¿Y por qué? Yo me encargaba de hacer una mapa para saber ubicación de los cuerpos luego de que se enterraban por la cuestión de tener idea dónde quedaban; asimismo se pintaba en el lugar con las fechas y el “NN”, esto duró más o menos del 82’ al 96’ tiempo después cometieron el error de pintar, sin prever que estaban borrando toda la información pues aun así se tuvieran datos ya sería difícil sin la marca por el número de cuerpos. Es por esto que lo considero un duelo, es difícil saber que muchas familias no encontraron los cuerpos de sus familiares y pensar, que posiblemente algunos de ellos estén ahí enterrados. Cada que yo entierro un NN yo soy el único familiar para él porque soy el único que voy y le doy cristiana sepultura, sé dónde está, y el último que le hago, que le rezo un Padre Nuestro, no más.

“A UNO LO VEÍAN QUE IBA A HACER LA NECROPSIA Y DECÍAN –VE, VAN ESTOS RAJAMUERTOS– PERO YO LE DOY GRACIAS A DIOS QUE ESTE RAJAMUERTOS O ESTA PERSONA, HACÍA UNA LABOR SOCIAL MUY BUENA.”

Poco es reconocida la labor que hizo en conjunto todo el municipio, para recogerlos, traerlos, identificarlos y finalmente sepultarlos. Es injusto que mientras los indicadores de mortalidad satanizaban un municipio, este cooperara por muertos ajenos mientras la institucionalidad nos abandonaba. Siguen en deuda con los marselleses y más por no desatar los densos recuerdos al ignorar la humanidad de sus gentes.

Don “ Grillo “

coleccionado a lo largo de sus cincuenta y dos años, don ‘Grillo’ evoca la primera vez que vio un cuerpo A que había traído consigo el Cauca: Era un hombre joven de aproximadamente treinta y dos años, yo me asusté mucho porque al verlo ahí cuando lo sacaron y que estaba en un pastecito o en la arena, estaba muy hinchado con mordiscos de animalejos, de pescados, eso lo impresiona a uno. Sentí miedo, terror y preocupación porque tenía frente a mis ojos, la prueba de una cruda violencia y sin saber que ese hombre, apenas sería el primero de los tantos que tendría que llevar hasta Marsella.

Cuando tenía como doce o catorce años, me acuerdo que los cuerpos se echaban entre una bolsas y luego se subían al jeep, pero de todas maneras eso es muy impresionante. Uno se pone  a recordar y parece que lo estuviera viviendo ahí. Pero jamás se me pasó por la mente la forma en cómo habrían sido asesinadas estas personas. Solo sabía que aquellos hombres y mujeres eran desaparecidos, porque habían sido vistos por última vez en un territorio muy alejado, nosotros escuchamos por las noticias, que por allá, por ese lado, estaban matando mucho y suponía uno que era mataelo.

Cuando empecé a trabajar con los camperos, conocí a Tajada, pero murió hace un año. Y entonces, cuando eso, me tocaba a mí con él. Uno bajaba a esta hora hasta la vereda de Beltrán y si de pronto era muy tarde, ya le tocaba que esperar al otro día. Este domingo se celebró la misita del año de la muerte de Tajada Le dio como una especie de infarto y se lo llevaron para Pereira y hasta ahí llegó. Duró una semana allá. Él fue un fundador aci de esta empresa.

De resto todo es muy tranquilo, muy buena siempre me ha parecido, no sé si es porque yo soy de acá. De hecho, toda mi familia ha sido de este pueblo, sino que en este momento, el único que se quedó acá en Marsella de los hermanos, soy yo. Yo sigo acá porque me gusta, y pues… a ver, el trabajo me llama aci

1 navegar en los recuerdos que ha coleccionado a lo largo de sus cincuenta y dos años, don ‘Grillo’ evoca la primera vez que vio un cuerpo  que había traído consigo el Cauca: Era un hombre joven de aproximadamente treinta y dos años, yo me asusté mucho porque al verlo ahí cuando lo sacaron y que estaba en un pastecito o en la arena, estaba muy hinchado con mordiscos de animalejos, de pescados, eso lo impresiona a uno. Sentí miedo, terror y preocupación porque tenía frente a mis ojos, la prueba de una cruda violencia y sin saber que ese hombre, apenas sería el primero de los tantos que tendría que llevar hasta Marsella.

Cuando tenía como doce o catorce años, me acuerdo que los cuerpos se echaban entre una bolsas y luego se subían al jeep, pero de todas maneras eso es muy impresionante. Uno se pone a recordar y parece que lo estuviera viviendo ahí. Pero jamás se me pasó por la mente la forma en cómo habrían sido asesinadas es tas personas. Solo sabía que aquellos hombres y mujeres eran desaparecidos, porque habían sido vistos por última vez en un territorio muy alejado, nosotros escuchamos por las noticias, que por allá, por ese lado, estaban matando mucho y suponía uno que era mataelo.

Cuando empecé a trabajar con los camperos, conocí a Tajada, pero murió hace un año. Y entonces, cuando eso, me tocaba a mí con él. Uno bajaba a esta hora hasta la vereda de Beltrán y si de pronto era muy tarde, ya le tocaba que esperar al otro día. Este domingo se celebró la misita del año de la muerte de Tajada Le dio como una especie de infarto y se lo llevaron para Pereira y hasta ahí llegó. Duró una semana allá. Él fue un fundador acá de esta empresa.

De resto todo es muy tranquilo, muy bueno, siempre me ha parecido, no sé si es porque yo soy de acá. De hecho, toda mi familia hu sido de este pueblo, sino que en este momento, el único que se quedó acá en Marsella de los hermanos, soy yo. Yo sigo acá porque me gusta, y pues… a ver, el trabajo me llama aci

En un marco de posconflicto tras la firma de los acuerdos de paz entre el Gobierno Colombiano y las Farc, se hace necesario pensar en las acciones pacíficas que empoderan y generan actitudes de liderazgo en las comunidades afectadas por el conflicto. Un reflejo de esto, son los actos humanitarios realizados por la población de Marsella y la vereda de Beltrán en Risaralda, que se convierten en un ejercicio para la reconstrucción de la memoria individual y colectiva, además de una forma de resistencia ante el olvido de los suyos.

UNIVERSIDAD SANI

I navegar en los recuerdos que ha coleccionado a lo largo de sus cincuenta y dos años, don ‘Grillo’ evoca la primera vez que vio un cuerpo A que había traído consigo el Cauca: Era un hombre joven de aproximadamente treinta y dos años, yo me asusté mucho porque al verlo ahí cuando lo sacaron y que estaba en un pastecito o en la arena, estaba muy hinchado con mordiscos de animalejos, de pescados, eso lo impresiona a uno. Sentí miedo, terror y preocupación porque tenía frente a mis ojos, la prueba de una cruda violencia y sin saber que ese hombre, apenas sería el primero de los tantos que tendría que llevar hasta Marsella.

***Cuando tenía como doce o catorce años, me acuerdo que los cuerpos se echaban entre una bolsas y luego se subían al jeep, pero de todas maneras eso es muy impresionante. Uno se pone a  recordar y parece que lo estuviera viviendo ahí. Pero jamás se me pasó por la mente la forma en cómo habrían sido asesinadas estas personas. Solo sabía que aquellos hombres y mujeres eran desaparecidos, porque habían sido vistos por última vez en un territorio muy alejado, nosotros escuchamos por las noticias, que por allá, por ese lado, estaban matando mucho y suponía uno que era mataelo.

Cuando empecé a trabajar con los camperos, conocí a Tajada, pero murió hace un año. Y entonces, cuando eso, me tocaba a mí con él. Uno bajaba a esta hora hasta la vereda de Bel-trán y si de pronto era muy tarde, ya le tocaba que esperar al otro día. Este domingo se celebró la misita del año de la muerte de Tajada Le dio como una especie de infarto y se lo llevaron para Pereira y hasta ahí llegó. Duri una semana allá. Él fue un fundador aci de esta empresa.

De resto todo es muy tranquilo, muy buena siempre me ha parecido, no sé si es porque yo soy de acá. De hecho, toda mi familia ha sido de este pueblo, sino que en este momen to, el único que se quedó acá en Marsella de los hermanos, soy yo. Yo sigo acá porque me gusta, y pues… a ver, el trabajo me llama aci

grillo

I navegar en los recuerdos que ha coleccionado a lo largo de sus cincuenta y dos años, don ‘Grillo’ evoca la primera vez que vio un cuerpo A que había traído consigo el Cauca: Era un hombre joven de aproxima-damente treinta y dos años, yo me asusté mucho porque al verlo ahí cuando lo sacaron y que estaba en un pastecito o en la arena, estaba muy hinchado con mordiscos de animalejos, de pescados, eso lo impresiona a uno. Sentí miedo, terror y preocupación porque tenía frente a mis ojos, la prueba de una cruda violencia y sin saber que ese hombre, apenas sería el primero de los tantos que tendría que llevar hasta Marsella.

Cuando tenía como doce o catorce años, me acuerdo que los cuerpos se echaban entre una bolsas y luego se subían al jeep, pero de todas maneras eso es muy impresionante. Uno se pone a e a recordar y parece que lo estuviera vivi-endo ahí. Pero jamás se me pasó por la mente la forma en cómo habrían sido asesinadas es-tas personas. Solo sabía que aquellos hombres y mujeres eran desaparecidos, porque habían sido vistos por última vez en un territorio muy alejado, nosotros escuchamos por las noticias, que por allá, por ese lado, estaban matando mucho y suponía uno que era mataelo.

Cuando empecé a trabajar con los camperos, conocí a Tajada, pero murió hace un año. Y entonces, cuando eso, me tocaba a mí con él. Uno bajaba a esta hora hasta la vereda de Bel-trán y si de pronto era muy tarde, ya le tocaba que esperar al otro día. Este domingo se celebró la misita del año de la muerte de Tajada Le dio como una especie de infarto y se lo llevaron para Pereira y hasta ahí llegó. Duri una semana allá. Él fue un fundador aci de esta empresa.

De resto todo es muy tranquilo, muy buena siempre me ha parecido, no sé si es porque yo soy de acá. De hecho, toda mi familia ha sido de este pueblo, sino que en este momen to, el único que se quedó acá en Marsella de los hermanos, soy yo. Yo sigo acá porque me gusta, y pues… a ver, el trabajo me llama aci

nas, aún tengo la esperanza intacta en que todos se logren identificar y sean entregados a sus familias.abrumadora e impactante en la mayoría de los casos, ya que lle gaban cuerpos tremendamente torturados, la mayoría, eran des cuartizados, los abrian y cortaban con motosierra, los amputaban, los, decapitaban, los amarraban, los metían en bolsas plásticas y les pegaban cinta adhesiva, era como una sevicia, uno pensaba que esa gente tenía que estar bajo efectos quizás de la droga para hacer una cosa tan bárbara.

n. la

rense nos nocieron mas para pod Mi a la tarea para saber Dersona y asi cuerpos, has de Bogoti de pa del cemen y ya posterior cadáveres. Con sias, tomábamos color de su vest ruajes que tenian ojos, el tamaño de c. Todo ello, alter v lo transcribiaco si tener un registro gó a decirme, ementerio, ya empo me la la responsabilidad os cuerpos, yo oficio, avudar tisfacción al to era lo que me la labor, aunque ía una familia esperi

Fue muy dificil el proceso de identificar los cuerpos y realizar las necropsias, ya que en esa época, en medicina legal trabajamos prácticamente con las uñas no teníamos nada, entonces no había necrodactilia, no se ba una rodaja de hueso, no se sacaban muestras para ADN, no se sacaba nada, entonces cómo reconocíamos los cuerpos, de forma indiciaria. Las necropsias se hacian en el piso, no teníamos agua ni teníamos elementos de protección personal, las únicas herramientas que en ese entonces teníamos era un cuchillo v un par de piedras para abrir los cráneos, a mi me pareció horrible, que porque de todas maneras yo manipulaba el cuerpo muy poquito, ya que Arturo era el que se en sabu escribia, entonces vo le enseñé a en d cargaba del cuerpo, mientras yo encontet Lapabocas y eso yo se lo conseguídata inicialmente, al principio le costó fue mucha dificultad acostumbrarse: Carlos Arturo a utilizar guantes,

también llamábamos al CTI de Pereira o a la SIJIN para que vinieran a tomar las necrodac-tilias, pero ellos de vez en cuando venían, por ende quedaron en medicina legal unas cartitas de necrodactilias hasta muy mal tomadas, pero ya en el 93, medicina legal pasó a ser nacional, entonces ya nos dieron todos los elementos de protección personal que necesitábamos; pero inicialmente no, porque antes medicina legal era departamental, entonces dependíamos de la Secretaría de Gobierno departamental y ellos no nos daban nada, a mí me tocaba comprar las resmas , de papel, para hacer todos los protocolos de necropsia y los insaca- formes periciales.

Don Narcés, en ese entonces era el sepulturero, él nos abria la fosa y entre Don Narcés y Arturo inhumaban el cuerpo, Arturo posteriormente hacía el mapa para lograr localizar los cuerpos, cuando vinieran quizás a reconocerlos. Fueron 549 cuerpos los que llegaron al remanso de la vereda Beltrán, por el río Cauca, de los cuales logramos identificar 181 cuerpos, que se pudieron entregar a los familiares, los restantes fueron Monseñor Jesús María Estrada, en sepultados en el cementerio ultura a los cuerpos que tuvieron identidad y desde mi perspectiva debían ser tratados como perso-el intento de darles cristiana sepultura

21S Soy una mujer convencida del destino, pues estando muy joven y con mi gran deseo de estudiar cualquier cosa, excepto medicina, decidí presen. tarme a varias universidades, sin embargo, mis capacidades quizás estaban predispuestas para algo más grande. En 1988 comencé a trabajar en medicina legal, gracias a una llamada que recibí del departamento y me pidieron que tomara el puesto ya que el encargado anterior se había retirado del cargo; sin pensarlo y sin esperar todo lo que se venía, acepté. Un año después, em. pezaron aparecer cuerpos que venían por el río Cauca testigos de la violencia en Colombia.

Apenas ingresé, los cuerpos que llegaban a la vereda Beltrán los sepultaban en el cementerio Monseñor Jesús María Estrada, pero allí nunca tenían en cuenta en dónde quedaban, podían estar en cualquier sitio y si sus familiares los iban a reclamar posteriormente no sabían en dónde encontrarlos, fue así como yo me di a la tarea de que esos cuerpos quedaran ubicados en un sitio especial y vine donde el sacerdote que había en la época y hablé con él, le dije que yo necesitaba que me donara, no a mí, sino a los cuerpos un lote en el cementerio, para yo sepultarlos, pero que la condición era que él no los podía exhumar para sacar los restos y echarlos en la fosa común, porque yo sabía que cada uno de esos cuerpos tenía una historia, una vida y además una madre que posiblemente no tenía razón alguna sobre su hijo(a) y algún día los podrían reconocer. El cura evidentemente aceptó y me asignó un lote de tierra en el cementerio, para que yo sepultara los cuerpos que llegaban, y así se hizo, posteriormente yo pensé, que aunque los tuviera ubicados, tenía que marcarlos y empecé a señalizar sus tumbas en una forma muy rudimentaria, con un pincel y con pinturita.

bruma mayori gaban tortur cuartiz pegab con m los.de los me una se gente quizás cosa t

***

Junto a Carlos Arturo (asistente forense nos Fue tocó una labor dura, porque reconocieron un cuerpo y tuvimos que abrir 60 tumbas para poder encontrar ese cuerpo, yo me di a la tarea de hacer una especie de mapa para saber dónde quedaba sepultada la persona y asi es como fuimos ubicando los cuerpos, hasta que llegaron unas chicas desde Bogotá, de una ONG, ellas hicieron un mapa del cementerio con las tumbas numeradas y ya posterior mente, pudimos ir ubicando los cadáveres. Con Carlos realizábamos las necropsias, tomahamos los datos de cada persona, el color de su vestimenta, los tamaños de los tatuajes que tenian (si los tenían), el color de sus ojos, el tamaño de sus orejas, color de cabello, etc. Todo ello, al terminar el día, llegaba a mi casa y lo transcribia en la máquina de escribir, para asi tener un registro de cada uno; mi esposo llegó a decirme, que por qué no vivía en el cementerio, ya que la mayor parte de mi tiempo me la pasaba allá y era debido a la responsabilidad que yo sentía desde mi oficio, ayudar en el reconocimiento de estos cuerpos, To saba que cada uno de ellos, tenía una familia esperin en su satisfacción al encontrar dolo y pensaba el cuerpo. Realmente eso era lo que me ditu fuerza para seguir con la labor, aunque fuert

La solidaridad del pueblo marsellés

E dario, mucho. Porque Jahí llegaban al cement-Mahi erio) y mucha gente entraba y lloraba. Cuando yo los sepulta ba, les decía: «que descanse en paz y que ojalá vengan por usted hermano, nada, pero hacer, tengo usted no me ha hecho qué voy a que tirarle tierrita encima». Porque yo conversaba con esa gente. Y pa’ venirme les decía «Chao, mañana vengo». Yo le hablaba a ellos, les tiraba agüita, listo. Y al otro día, fuera en tierra o en bóveda y les decía: «Quiubo hermano, ¿cómo pasó la noche con toda la gente aquí? ¿Bien? Ah bueno listo, voy a traerle un poquito de agua». Y le traía una botella de agua y se la daba y ya listo, chao. Hablaba con ellos y me parecía que me hablaban, me decían «bueno

pueblo fue muy soli ba ¿qué le hace falta? no nada…. Ah bueno listo

YO NO TENGO CAJA PA’ ECHARLO, POR AHÍ HAY UNOS CAJONES Y YA LOS OCUPÉ, YO LE PONGO ESE PLÁSTICO, AHÍ NO LE DARÁ FRÍO, QUE DESCANSE EN PAZ. PUEDA SER QUE VENGA FAMILIA POR USTED». Y DE VERDAD VENÍA FAMILIA, MUCHA.

sí, está bien» yo les pregunta-

Yo llegaba allá y ya tenía un hueco hecho, o dos, o tres, ya lo tenía empacado al cuerpo y todo, y lo tiraba allá, digamos tirarlo si porque lo tenia que coger del plástico y jalarlo y le ponía los pies en una orillita y lo jalaba y tan, lo jalaba pal’ hueco. Bueno, lo tapaba, le ponia el nombre, pero antes de eso le decía tambiến: «Hombre, a mi usted no me hizo nada, yo no tengo caja pa’ echarlo». Yo conversaba con él: «Yo no tengo caja pa’ echarlo, por ahí hay unos cajones y ya los ocupé, yo le pongo ese plástico, ahí no le dará frío, que descanse en paz. Pueda ser que venga familia por usted». Y ver-dad venía familia, mucha

identi las ne época mos p no ten habia bu urm sacaba se sau recon form se hac agua prote herram ester par da Res Porqu lipul a qu escri Cath al hack

Niveles de humanidad

LO QUE UNO HAGA CON AMOR QUEDA BIEN HECHO Y UNO NO SIENTE NI FASTIDIO , NI MIEDO, NI NADA POR ELLOS.

Las cosas que han pasado en esta parte de acá del rio Cauca, yo creo que no se olvidan jamás, el dolor de las madres, el dolor de los hijos, el dolor de los hermanos, el dolor de los abuelos, de las esposas, de los esposos cuando llegan a una parte a pedir, a suplicar que no le dejen pasar a una perso na, que no lo dejen llevar del rio, eso no se olvida. Que no quieran a veces reconocer las cosas, pues es muy diferente, pero la memoria no le falla a uno.

Símbolo de paz

M i nombre es María Inés Mejía, vivo en el corregimiento Alto Cauca del municipio de Marsella-Risaralda. Yo empecé a trabajar en el 92 los cadáveres del río Cauca en el tiempo en que se hicieron recortes de personal y quitaron unas inspecciones, entre ellas la de Beltrán, quedando el corregimiento del Alto Cauca encargado de esa vereda.

Yo cumplía un horario en la oficina y cuando avisaban de un cadáver yo inmediatamente salía; tenía en la semana un día libre, era el día miércoles y el día domingo, de por sí todos teníamos en la Alcaldía ese tiempo libre y los festivos, pero para mí si era un domingo, si era mi día libre, si era mi festivo no tenía problema para ir a la hora que me llamaran para recuperar un cuerpo.

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Yo nunca había hecho nada de eso cuando empezamos a trabajar con la vereda Beltrán -pues a uno le avisaban sobre un cadáver y tenía que ir de todas maneras a recogerlo, pero ya me fui como acostumbrando a ellos y me fui prácticamente encariñando a esos cadáveres. Yo no podía permitir que dijeran «hay un cadáver en tal parte», por muy retirado que estuviera de la vereda, yo iba, porque me ponía a pensar en la familia de esas personas, de esa persona que la estaban buscando y que uno sabía que estaba en un rinconcito del río donde las aves de rapiña

estaban acabando con él. Entonces hacia el viaje hasta donde estuviera, unas veces en canoa, otras veces caminando y los recogía y los hacía llegar al cementerio de Marsella, para medicina legal.

Tuve mucho contacto con muchas familias de estos cuerpos: gente de Cali, de Tulua, de Buga, de Cartago, de corregimientos del Valle, de varios municipios del Valle, del mismo Risaralda, de La Virginia, de Pereira… normal mente ellos lo llamaban a uno y le decian «tengo a mi papá, o a mi hermano, o a mi tio o a mi hijo, o a mi prima» a cualquier familiar y yo ya me encargaba de preguntarle que características tenía la persona: su estatura, su contextura, si tenía lunares, tatuajes, de pronto cómo tenía la dentadura, su vestido, cuándo se desapareció. Uno le hacía las preguntas al familiar, que creyera que, de pronto, s necesitaban por muy pequeñas informaciones que fueran, siempre ayudaban mucho paras el  reconocimiento de esas personas.

YA ME FUI COMO ACOSTUMBRANDO A ELLOS Y ME FUI PRÁCTICAMENTE ENCARIÑANDO A ESOS CADÁVERES.

MARIA INÉS MEJÍA