MARSELLA,UNA FAMILIA GRANDE

 

MARSELLA, una familia grande. Por:Julio Ernesto Marulanda

Entre San Luis y Hoyo Frio, recuerdos de un niño.
Desempolvando los recuerdos del cerebro para ver si en el “hondón de las tradiciones”, rescatando los orígenes familiares y las costumbres y tocando el alma de los nietos, aparece el porvenir de Marsella, así como los japoneses encontraron el futuro apegados a la cultura del arroz.
Gracias a la visita realizada a la vereda Las Tazas y a la entretenida charla sobre los antiguos habitantes como los Orrego, los Tamayo, los Quintero, sobre la presencia de los hermanos de don Emilio y don Javier Sierra Restrepo en las Tazas y en la Nubia y finalmente sobre Hoyo Frio, con ayuda de muchos recuerdos, logramos reconstruir el recorrido desde San Luis, entrando por la Cascada, hasta empezar la falda de Genovevita.
La casa de balcón de San Luis, tienda de don Teodoro Osorio, donde se inicia el camino del “trazado”, hacia la Coralia, las vueltas de Rascaderal y el primer camino hacia Buenos Aires a la izquierda; a la derecha la recta y la entrada al “Prado” de don Germán Mejía, de donde todas las mañanas salía la yegüita “Chumilas” de cabestro de un hijo de don Gustavo Mejía, a vender la leche al pueblo.
Chumilas y Rosario eran bestias de don Manuel Franco, siempre ensilladas y dispuestas para que cabalgaran niños, señoras y todo el que le diera la gana de montar a caballo.
Al frente de la Virgen, vivía “Miguel Bullas” o Moñoejíquera quien fuera bulteador en la tienda y compra de café de don Gonzalo Mejía, dueño de la finca “ Villalba” y no Casablanca o San Miguel del Cerro. Don Miguel Osorio, era el padre de la “Mona de Rascaderal” de quien se creía que volaba por la noche, montaba y hacía trenzas a los caballos salvajes de don Silverio en gran algarabía y carcajadas por el potrero, los cañabravales y hasta el monte tupido de esa extensa propiedad que iba desde San Luis hasta Buenos Aires.
En dirección a Hoyo Frio, se topaba con la entrada a la “Isabela” y la casa y cantina de don Emilio Mejía, enseguida la peluquería y casa del Mono Gómez. Antes de la quebrada vivía Pedro Morales, carpintero y hermano de “Cenito”, con su señora Margarita. A continuación vivía Don Juan Ramírez, “El Mocho” y su esposa Doña Elisa Giraldo, padres de una numerosa prole, entre quienes se recuerda a Alcides el mejor pescador de La Argentina. A Augusto y a Clodomiro. La casa del mocho Juan Ramírez después pasó a manos de Don Belisario Quintero que tiene más cuentos que “Cosiaca”, solo recuerdo que me compraba el “talegueo de café” que mi madre escondía debajo de la cama o entre la ropa vieja, para tenernos golosinas o darnos gusto a los hijos. Al frente doña Gerardina Cardona y “ El Amplio” su hermano, hasta llegar a la pesebrera de don Pedro Luis Gallego, no sin antes encontrarnos con la casa grande de don Manuel Meneses, dueño del único radio conocido en el camino que funcionaba todo el día, a alto volumen, aparato que causó gran sorpresa en mi niñez, cuando al tener edad para hacer mandados al pueblo, me detenía sentado en una “obra”, buscando explicaciones de cómo un hombre se podía volver tan pequeño dentro de un cajón, tan bonito, para hablar y cantar todo el día. Gracias al regalo de don Severiano Cañas de la vereda La Armenia, emparentado con mi tío Arcadio Marulanda Carvajal, casado con Carmen Rosa López Castaño, quien nos mandó un radio Philco, con motivo de la celebración de la llegada de la energía eléctrica a San Luis. Esta energía llegaba a Marsella de la planta de “La Ínsula”, entre las veredas La Quiebra y La Capilla, transportada en alambre de cobre, soportado por postes de guadua.
Al frente del alto de don Pedro Luis Gallego, estaba la “Fragua” de don Gonzalo Atehortua y más adelante, antes de las escalas para llegar a “Alto Cielo”, nos topamos con la casa de “Guamo Ortiz”, los secaderos y depósito de café de don Gonzalo Mejía, que lindaban con el solar y “velería” de Manuelito Henao, al frente de la tienda cantina de Juan Zambrano, cerca a la casa de don Gerardo Gil, padre de numerosos Giles entre ellos “La Sapa” y también muy cerca de don Macario Herrera, famoso por su burro, al cual se le atribuyen una cantidad de cuentos incluyendo los de las monjas; pasando el camino se hallaba don Juan de Jesús Giraldo que soldaba ollas, arreglaba de todo, incluso escopetas.
En la esquina frente a la tienda de Zambrano, existió una pesebrera de don Libardo Morales, casado con una señora de apellido Hoyos, hermana del “patón hoyos”. Enseguida don Jesús, don Joaquín y doña Zoila Bustamante, la mamá de las “Bonitas”, Lucero Giraldo y su hermana, en las siguientes casas Práxedes Buitrago, María Jesús Carvajal de Buitrago y su hija brava, ronca y solterona, Ana Delia Buitrago Carvajal y quien cargaba el portacomidas, Nicolás Carvajal, pariente de ellas. En esa cuadra residieron los respetables choferes Efrén y Artemo Villada. Al frente de doña Zoila tenía su casa don Dámaso Giraldo, padre de don Bernardo y Arturo. En el balcón de la esquina, Emma Ortiz Rentería, hermano de “Chulo” y esposa de Roberto Restrepo; en los bajos la cantina de “Carlos Mugre”.Práxedes Buitrago tuvo como hermanos a Manuel, Joviniano y Silverio, fue casada con Justiniano Bedoya y madre de las siguientes cabezas:Isaurita, casada con Ricardo Franco y madre de Manuel, Álvaro, Genoveva, Jairo, Darío y Jaime Franco Bedoya.Ana Delia, casada con don Julio Pineda y madre de: Guillermo “pinedita”. Aliria, Aleyda, Marina, Fabiola, Lesbia, Carmen Julia, Humberto, Hernán y Oscar.Emilia Bedoya Buitrago, casada con Guillermo Ramírez.Leonidas Bedoya Buitrago.María Jesús Carvajal (viuda de Daniel Buitrago), era la madre de Pastorita Buitrago Carvajal, casada con Gerardo López “pelusa”, tío de doña Esther Bedoya López. Hija de Pastorita Buitrago es Duilia López Buitrago, su hija Victoria es la propietaria de Industrias La Victoria en Chinchiná. Son hijas también de María Jesús Carvajal viuda de Buitrago:Ana Rita Buitrago Carvajal, casada con “chucho” Tamayo, padres de Gedma y Arturo. Hijos de Gedma son los hermanos Esperanza, Néstor, Julio, Jorge Octavio, Diego, John Jairo y Héctor Hugo.Elisa Buitrago Carvajal, casada con Julio Gonzales.Ernestina Buitrago Carvajal, casada con Emilio Franco de la vereda La Argentina.Rosa Buitrago Carvajal casada con Juan de Dios Giraldo, “mono caravana”.Vitalbina Buitrago Carvajal, casada con Celso Marín, padres de Adalgiza Marín Buitrago, quien todavía vive en Cali.Luis Delio Buitrago Carvajal, progenitor de Omar Ordoñez.
La familia Buitrago llegó a Marsella, hace más de cien años, de la mano del patriarca Hermenegildo Buitrago Osorio, casado con Mercedes Henao Gil; padre de Mercedes, Críspolo, Aparicio, Carmen, Justiniano, pablo, Jesús María “chucho”, Antonio, Jacobo, Leonidas y Adelina.
Adelina Buitrago Henao, fue casada con don Julio Ernesto Marulanda Carvajal y fue la madre de Angélica, Amador, Israel, Ricardo, Carlos, Guillermo, Edith, Julio Ernesto y José Sonel.
Siguiendo la ruta de “hoyo frio” por la trilladora de café que comprara Monseñor Jesús María estrada para construir el Instituto Estrada, en la salida hacia el Tablazo, era muy común encontrarse a don Emilio Rojas Sánchez, a “La Pelona” a don Francisco Zapata y toda su descendencia, entre ellos Héctor maestro de música y el mejor corneta que tuvo la banda de guerra del colegio y a don Luis Gómez “Cantarina” en Alto Cielo.
Mis salidas al pueblo para cumplir con mis obligaciones de mandadero, siempre estuvieron marcadas por las instrucciones de mi padre, según el cual en la finca había mucho oficio y en pueblo mucho vago:
“Aquí está mejor con su mamá, su papá, sus hermanos y vecinos”“Cuando llegue al pueblo lávese bien los pies donde Práxedes”.“No se meta entre los Orrego, Tamayo o Quinteros, los hijos de Maximiliano Ríos y los de Salvador Restrepo, cuando estén voliando peinilla en Hoyo Frio.“Cuide a su hermano Sonel”.“Acuérdese de esperar a su hermana Edith a la salida del colegio de las Bethlemitas. Es usted el que la espera no ella a usted.”“No pise donde pisa Carlos Villa”.“Si los carniceros están haciendo cacheo en la plaza, súbase a un mango o corra como un verraco”.“Si a la hora del almuerzo está haciendo tempestad, vaya donde la tía Toña; si usted prefiere el restaurante escolar, tómese la cucharadita de aceite de bacalao, sin chistar, como se tuvo que tragar el “quenopodio”.
Estos aportes pretenden agregar algunos de los elementos de reflexión sobre nuestros antepasados, sus actividades, la vida pueblerina, los valores tradicionales y la constitución de las familias, el sentido de identidad y de pertenencia, a la vez que afianzar la propuesta de recuperar el compromiso de todos los marselleses y todas las marsellesas con el desarrollo de nuestro entrañable terruño, hecho al sonido de las herramientas, a la unión de intereses y voluntades sin distingo de color político, religioso, étnico o socio económico y al civismo como la más representativa de las banderas de quienes nos legaron, su ejemplo, el respeto por la naturaleza, el trabajo honrado, la responsabilidad y la distribución de actividades acordes con la edad, el género, siempre pensando en lo mejor y el bienestar para los conciudadanos.


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